Honduras
A pesar del peligro latente de morir soterrada, doña Silvia Sierra, de 54 años, regresó a su humilde vivienda ubicada en la colonia La Obrera.
La amenaza de que su casa ceda por completo no detuvo a esta humilde capitalina ni a su familia para retornar al mismo lugar.
Pero no le quedó de otra, como para decenas de pobladores de la zona, ese es su hogar.
“No tengo adónde ir, las paredes de la casa y el piso se han agrietado más, pero qué vamos hacer si no tenemos otro lugar”, manifestó.
Como doña Silvia, varios pobladores de la zona han hecho lo mismo, aunque están conscientes del peligro que corren.
Desde el pasado ocho de julio, al menos 149 personas de la zona han pasado en zozobra por el temor de que en cualquier momento las paredes y techos de sus casas se vengan abajo.
Y es que la ruptura de una tubería madre fue el detonante que causó daños en las paredes, pisos, techos y muros de varias viviendas, a tal grado que algunas quedaron convertidas en escombros.
En el olvido
Al menos 15 familias fueron directamente afectadas, pero la bomba de tiempo permanece en toda la zona.
La fuga del vital líquido ha saturado el suelo y el subsuelo, pese a que el Servicio Autónomo Nacional de Acueductos y Alcantarillados (SANAA) ha reparado algunas tuberías en la zona, el terreno ha quedado frágil y vulnerable.
Ya han pasado 12 días desde lo ocurrido y varias familias tuvieron que evacuar y albergarse en otros lugares, pero el sentir de los pobladores es que las autoridades municipales los han dejado en el total abandono.
“Solo vinieron una vez y nada más, estamos abandonados y hemos tenido que regresar porque no tenemos adónde ir. Algunas cosas las tengo en casa de parientes”, afirmó Gladys Torres, otra de las afectadas.
Entretanto, el Comité de Emergencia Local de La Obrera no ha dejado de reunirse con los pobladores para brindarles ayuda, sin embargo, las autoridades de este ente local se sienten maniatadas porque no cuentan con herramientas de trabajo.