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Un uniforme y un arma son su sustento diario

Unas 500 mujeres laboran como guardias de seguridad en la capital, en las 45 empresas que funcionan. La falta de oportunidades las ha llevado a tomar este trabajo de riesgo
13.08.09 - Actualizado: 13.08.09 06:50pm - Lourdes Barahona: lourdes.barahona@elheraldo.hn

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Tegucigalpa,

Honduras

Un arma de fuego, guardada celosamente en una funda, constituye su herramienta de trabajo.

A diferencia de muchos, Mariana Borjas, de 45 años de edad, no la utiliza para delinquir.

Más bien, su manejo experto de esa pistola, que le ayuda a infundir respeto, significa el sustento diario para sus cuatro hijos.

Borjas, es una de las aproximadamente 500 mujeres que laboran como guardias de seguridad en las 45 compañías de este rubro que hay en la capital.

Esta madre capitalina sale todos los días, (de lunes a domingo), de su vivienda ubicada en la colonia Israel Norte vestida con su uniforme de pantalón negro, camisa formal color amarillo, zapatos bajos negros, bien lustrados y una inseparable gorra para protegerse del sol.

Aunque no sea muy femenino, este vestuario representa autoridad y respeto. Y mejor aún la oportunidad de tener un empleo.

El reloj marca las 6:30 AM y Mariana llega puntualmente a su trabajo en el hospital Escuela, para cubrir su turno.

Desde hace un año, esta humilde capitalina labora como guardia de seguridad y actualmente desempeña el cargo de supervisora.

Aunque a la mujer se le sigue considerando como el sexo "débil", la labor que Mariana realiza es la misma que sus compañeros del sexo masculino, que suman no menos de 100 en cada compañía de seguridad.

Y aunque ellas son minoría, eso no le preocupa, sabe que mientras realice un buen trabajo, tendrá para alimentar a los suyos.

Una opción

Con tal de proveer el sustento diario a su familia o por no encontrar otro tipo de trabajo por su edad o por la falta de una profesión, toman este tipo de empleos que son catalogados como de alto riesgo.

Un ejemplo de ello es Carmen Laínez, de 42 años, quien asegura que en ninguna empresa la aceptaban por tener esa edad y ahora está asignada al Correo Nacional de Comayagüela.

"Es difícil para uno cuando tiene hijos que alimentar y sé es madre soltera. Fui a meter papeles a varias empresas y en ninguna me aceptaban por mi edad", dijo.

Así es como Carmen consideró tomar el empleo de una compañía de seguridad privada, donde según ella, no le pidieron muchos papeles y la contrataron casi de inmediato. La Secretaría de Seguridad es el ente encargado de regularlas y de conceder los permisos de operación de estas empresas.

En la capital existen aproximadamente unas 45, legalmente constituidas y 140 en todo el país. Rosa Elena González, contadora del departamento administrativo de esta entidad pública, manifestó que las compañías destinadas a brindar seguridad privada deben cumplir con 30 requisitos estipulados en la Ley de Policía.

"Para poder abrir una de estas empresas deben cumplir con los requisitos establecidos en la ley. Asimismo, deben cancelar 25 lempiras mensuales por cada guardia que tengan en su empresa", acotó.

Derechos

Actualmente, de las 45 empresas de seguridad existentes, la mayoría solo tienen un promedio de 10 a cien empleados, de los cuales aproximadamente un 5 por ciento son del sexo femenino.

Según González, algunos de los guardias de seguridad aún siguen devengando el salario mínimo anterior, que era de 3 mil 800 lempiras. En muchos casos, no cuentan con los derechos, como el Seguro Social, décimo cuarto mes y "aguinaldo". En peores instancias, tienen sus salarios retenidos de dos o tres meses. Asimismo, deben pagar 380 lempiras por cada uniforme, el cual es obligatorio.

Pese a todas estas injusticias, las guardias de seguridad femeninas aseguran que soportan todo eso por mantener a sus hijos y porque como dicen "peor es nada" antes de quedarse desempleadas.

Ante todas estas dificultades, ellas aseguran que ni la ley las protege y que si buscan ayuda en la Secretaría de Trabajo, llevan las de perder.

Sus vidas constantemente están en riesgo, pues con mucha valentía defienden el lugar de trabajo donde han sido asignadas.

En algunos casos les ha tocado utilizar su arma, un ejemplo de ello es Raquel Matamoros, quien desde hace dos años forma parte de la vigilancia del hospital Escuela.

"Estando aquí solo una vez me tocó sacar mi arma... pero gracias a Dios no le tuve que disparar, fue una persona que estaba haciendo desorden y no quería obedecer", comentó.

Ardua labor

Y es que por ser mujeres, algunas personas ajenas a su trabajo, tratan de discrimanarlas y en muchos casos son vistas de menos por desempeñarse en un espacio considerado solo para hombres.

Estas capitalinas luchadoras sacrifican también su tiempo pues cumplen un turno de 24 horas y al estar lejos de su casa, pierden la comunicación y la confianza de sus hijos.

"Soy madre soltera y por el tipo de trabajo que tengo casi no me llevo con mis hijos, yo les doy lo que necesitan para la escuela, pero sí es duro no poder verlos crecer", dijo con tristeza Matamoros.

Con una pistola calibre 38 colgando en su cintura, las guardias de seguridad están obligadas a poner en riesgo sus propias vidas.

Ellas se han convertido en heroínas por suplir las necesidades de sus hijos, aunque sepan que su vida pende de un hilo y que están expuestas a morir en cualquier momento.

Con el poco dinero de pago que reciben mensualmente, hacen magia para que les alcance, pues la mayoría son mujeres de escasos recursos, madres solteras y que tienen que pagar alquiler, compran alimentos, ropa, calzado y costear los estudios a sus hijos. Eso sí, son heroínas de carne y hueso, capitalinas valientes que lo enfrentan todo por cumplir la misión que les fue encomendada.

* Una alternativa: La mayoría de las mujeres que se desempeña como guardias de seguridad son madres solteras y de escasos recursos económicos, asimismo, no son aceptadas en otros empleos, por su edad.

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Raquel Matamoros revisa minuciosamente un automóvil que va a salir del hospital Escuela. La labor es ardua, porque de ello depende su sustento diario.
Raquel Matamoros revisa minuciosamente un automóvil que va a salir del hospital Escuela. La labor es ardua, porque de ello depende su sustento diario.

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