Honduras
Cada arruga de su rostro es una huella del paso del tiempo. Su historia de vida cumple 100 años y, aunque su ombligo está enterrado en el municipio de Vado Ancho, El Paraíso, se considera más capitalina que cualquiera.
María Luisa Castellanos es la ciudadana más longeva de Tegucigalpa; vio la luz el 25 de agosto de 1909.
En los albores del siglo XX, la comunidad donde nació se reducía a unas cuantas casas construidas de bahareque, distanciadas por extensos patios donde eran sembrados árboles frutales y se mantenían crías de animales domésticos.
La infancia de Luisita, como la llamaban sus progenitores, transcurrió tranquila, pero sin muchas oportunidades para el estudio, ya que la educación no cubría esas latitudes del país.
Pero a esta niña que se caracterizó por ser muy inquieta le bastó cursar el primer grado de primaria para aprender a leer y escribir y conocer las cuatro operaciones básicas de la matemáticas: suma, resta, multiplicación y división.
La otra parte de su formación la concluyó en la escuela de la vida. En la década de los años 30 Luisa, junto a su familia se trasladó a "La Culta" -así llamaban los habitantes de tierra adentro a la capital de la República- y se estableció en el popular barrio El Reparto. A la joven le llamó mucho la atención el antiguo pueblo minero con sus calles empedradas, la plaza Central y otros inmuebles que conforman el centro histórico.
Muy pronto María Luisa se adaptó a la vida urbana de la ciudad, a la vez que empezó a ser testigo del crecimiento, desarrollo socioeconómico y acontecimientos que han marcado la historia de la antañona Real de Minas.
Hoy, aunque sus raíces ancestrales pertenecen a otro departamento, se siente tan capitalina, igual que el resto de los 1.5 millones de habitantes.
"Yo me vine muy jovencita para Tegucigalpa y me quedé a vivir acá y yo digo que ahora soy de Tegucigalpa", manifestó emocionada.
Mujer privilegiada
María Luisa goza de un privilegio que pocos seres humanos pueden alcanzar: tener la bendición de llegar a la edad de cien años.
En Honduras, particularmente en la capital, no muchos ciudadanos festejan un siglo de existencia, tal como ocurre con esta longeva, quien actualmente reside en la colonia La Era.
Con los signos notorios de la vejez, los achaques propios de la edad y la mente que a veces traiciona los recuerdos, María Luisa asegura estar viviendo el mejor tiempo de su existencia. Luego de que se unió a Máximo Martínez, la vida la premió al procrear 13 hijos, de los cuales nueve están vivos y cuatro descansan en la paz del Señor; tiene 36 nietos y 64 bisnietos. "Me gustaba bailar, en mis tiempos uno bailaba separado, había mucho respeto", cuenta la anciana que ha perdido parte de su audición.
Quienes conocen a doña María Luisa no dejan de exclamar: ¡Qué bendición tan grande le ha dado Dios, permitirle llegar a los cien años! Y es que de verdad es un gran privilegio. De acuerdo al estudio que este año presentó la Organización Mundial de la Salud (OMS), la esperanza de vida de los hondureños, sobre todo en la capital, es de 71 años. Un dato importante es que el promedio de vida de los hombres es de 69 años y en el caso de la mujer es de 71, o sea que ellas pueden llegar a vivir más tiempo. A criterio del sociólogo Eugenio Sosa, antes de hablar del promedio de vida de los capitalinos y de los hondureños en general, el aspecto que hay que tomar en cuenta es la calidad de vida, que en la capital es muy baja, nada prometedora.
Sosa argumentó que Tegucigalpa presenta serios problemas, especialmente en aquellos sectores que carecen de protección a la niñez, igual que hay falta de oportunidades para la juventud y los adultos mayores. Mucho sectores de la capital enfrentan problemas ante la falta de servicios básicos elementales, el desempleo y la pobreza. "Considero que el tema central es la calidad de vida, más que la cantidad de años que los capitalinos puedan llegar a vivir; en una sociedad donde apenas subsistimos, no hay mucho que esperar", enfatizó Sosa. Con todos los argumentos expuestos por la OMS y las opiniones de los sociólogos, doña María Luisa Castellanos goza hoy de ser la capitalina más longeva, al pasar por 29 años la edad promedio.
* Descendencia: María Luisa se caracterizó por ser una joven muy alegre, le gustaban mucho las fiestas y la música. Junto a Máximo Martínez procreó 13 hijos.