Honduras
Sentados en la acera de su casa en el popular barrio La Leona, los hermanos Bernardo y Concepción Flores Núñez tienen frescos en su mente los recuerdos de la Tegucigalpa de los años 30.
-"¿Te recordás cuando aquí había pocas casas y apenas una calle angosta por donde transitar?, le preguntó doña Conchita a su hermano.
"Sí, recuerdo que vivíamos cerca del parque. Antes no pasaban muchos carros, pero sí carretas y mulas cargando cosas como cal, carbón, leña. Pero sí comparamos, la vida era más tranquila", añora
el longevo.
Unos años más tarde, entre el bullicio de los vehículos y las nuevas construcciones, pero con el mismo encanto, estos hermanos tienen el orgullo de residir en uno de los barrios más antiguos de la ciudad. Sus ancestros fueron los primeros pobladores de Tegucigalpa.
Antiguo pueblo minero
La Leona es uno de los primeros barrios formados en el Real de Minas de Tegucigalpa, poblado minero ubicado al pie del cerro El Picacho, a 1,240 metros sobre el nivel del mar.
Contrario a otras ciudades, la capital de Honduras no fue fundada, pero se tiene conocimiento de ella quizá desde 1578 y su aniversario se celebra el 29 de septiembre, día de San Miguel Arcángel.
De acuerdo a datos históricos, en el 1687 residían en Tegucigalpa y sus alrededores unos 4,500 habitantes.
Ellos vivían en un espacio entre urbano y rural que contaba con cuatro avenidas en torno a la plaza Mayor. Aquí se ubicaban las casas de don Antonio Esasi, Brígida de Rivera, Miguel de Lardizábal, Andrés de Zepeda y doña Juana María Rivera, entre otros pobladores.
Tiempo después, unos pocos barrios fueron dándole forma a Tegucigalpa, de estos se recuerda La Moncada, La Pedrera, Los Dolores, La Hoya, El Edén y barrio Abajo, entre otros.
De estas comunidades, ahora lo que queda son los recuerdos; el barrio El Edén, para el caso, actualmente se encuentra en la categoría de zona de alto riesgo por estar expuesto a la vulnerabilidad.
Alfredo Pineda, uno de los pocos habitantes que quedan en El Edén, recuerda que 50 años atrás este era un lugar extraordinario, que bien podría haberse comparado con el jardín al que hace alusión el libro del Génesis en las Sagradas Escrituras.
"Todo era muy bonito, había casas de dos, tres plantas, personas de buenas familias se venían a vivir aquí porque era un barrio que contaba con los servicios básicos, había muchos árboles, sin faltar una vista preciosa de Tegucigalpa", expresó con nostalgia Pineda.
Barrios tranquilos
En lo que sí coinciden la mayoría de las personas adultas que habitan en los barrios legendarios de la ciudad es en la tranquilidad con la que se vivía, además de la hospitalidad y amabilidad de los vecinos, porque el mal del uno era el mal del otro.
Así rememora Yvonne de Haddad el barrio Abajo, el que siempre ha conservado su vocación cultural, religiosa y educativa. Después de 431 años, Tegucigalpa ha crecido hacía los cuatro puntos cardinales, cuenta con 892 barrios y colonias y una población de 1.5 millones de habitantes.