Honduras
Su triste historia, en la que ahora se pinta la alegría, fue descubierta el 1 de agosto por el equipo de la sección Metro de EL HERALDO.
Crucita y Celestino, la pareja de ancianos que se robó el corazón de los capitalinos, vivían en condiciones deplorables en una humilde vivienda en la que, en las noches, se colaba el sereno en la colonia Nueva Suyapa.
Ahí conocimos su historia. Aquella tarde, desde su lecho de enfermo, Celestino Silva de 90 años y su compañera de hogar, María de la Cruz Torres, de 87, revelaron su precaria situación.
Con lágrimas en sus ojos, interrumpida a veces por los sollozos y apoyada en su rústico bastón, doña Crucita nos hizo partícipe de sus necesidades y carencias.
Ella, una católica fiel, devota de la Virgen María y enseñadora de rezos, esperaba con fe el milagro de ver levantado a su compañero de hogar, quien desde hacía cinco años permanecía postrado a una cama. "Yo pido un milagro, que Dios levante a Celestino de esa cama y a mí me de fuerzas para seguir, ya estamos muy ancianos", manifestó doña Crucita.
Increíble respuesta
El martes 6 de agosto los hondureños y particularmente los capitalinos conocieron la dramática historia de esta pareja de ancianos. Apenas habían transcurrido unas horas, cuando la solidaridad despertó el entusiasmo de los lectores. Las llamadas no se hicieron esperar y las promesas de apoyo y ayuda comenzaron a desfilar.
"¿Dónde puedo hacer llegar alimentos y ropa para los ancianitos?", era una de las preguntas de los lectores.
Al día siguiente de publicarse la campaña, don Celestino y doña Crucita recibieron en su casa una brigada médica de parte de la Alcaldía Municipal. Los días transcurrieron y hasta su vivienda llegaron víveres, comestibles, ropa y frazadas, entre otros, que los lectores solidarios trajeron a las oficinas de EL HERALDO.
Tras conocer el caso, La Curacao y Tropigas donaron dos camas unipersonales, estufa y televisor, entre otros artículos de línea blanca para amueblar su hogar. Otras personas solidarias les llevaron andadores, que sustituyeron los rústicos bastones de madera y sillas de ruedas nuevas. A medida iban transcurriendo los días, se llegó a la conclusión de que don Celestino y doña Crucita merecían un lugar digno y seguro donde habitar. La solidaridad tocó las puertas de Misión Casa de Esperanza, una institución que, con la ayuda del alcalde Ricardo álvarez y el doctor Mario Zelaya, de inmediato se comprometió a construirles en tiempo récord una habitación de madera.
En el término de ocho horas, la pareja de ancianitos contaba con un cuartito donde pasar felices. A estas muestras de solidaridad y generosidad también se sumaron varios chequeos médicos, exámenes de laboratorio para conocer el estado de salud de los abuelos, que hoy gozan de mejor calidad de vida.
Don Celestino y doña Crucita no solo nos hicieron partícipes de sus necesidades, sino de la historia de amor y sentimiento que han protagonizado en más de medio siglo. Es este tiempo de compartir toda una vida juntos que les llevó a formalizar su unión ante Dios y ante los hombres. Estos abuelos consentidos, que se han ganado el cariño y afecto de los capitalinos, han quedado unidos en santo matrimonio. Dios se ha encargado de hacerle el milagro a don Celestino y a doña Crucita.
* Los donantes:
La Curacao
Alcaldía Municipal
Roberto H.C. Shen, Ministro Consejero Embajada de Taiwán
Hospital Militar
Laboratorio Bio-tec
Óptica Elegancia
Almacenes Tropigas
Instituto Jean Piaget
Gloria Castro
Luisa Coello
Empleados de Chili’s
Junta directiva Clínicas Viera
Napoleón Paz
Ricardo Fernández
Jorge Francisco Miranda
Misión Casa de Esperanza
Kristel Vallejo
José Ángel Aguiluz
Alejandro Medrano
Angella Andonie
Padre Hermer Sorto
Liliam Pagoaga
Ana Reyes
Olga Romero
Miguel ángel Zúniga y Oswaldo Cerrato
y decenas de lectores anónimos... Gracias