Honduras
Sus imponentes figuras, testigos del paso del tiempo, han elegido los recintos de oración como su hogar.
Algunos de los árboles más legendarios de la capital han crecido en las iglesias, como libros abiertos en cuyas ramas y hojas está escrita parte de la historia de los capitalinos.
Lágrimas, risas, alegrÃa, tristeza, amor, odio... los sentimientos humanos de decenas de fieles que llegan a diario a los templos en busca de paz y consuelo están plasmados en sus cortezas. Cada anillo que representa el tiempo de vida del árbol atesora los cambios climáticos, las estaciones y hasta los desastres naturales.
La mayorÃa centenarios, estos árboles forman parte del patrimonio natural de la ciudad.
Desde un castaño de más de 100 años que crece frondoso en el patio de la iglesia El Calvario, un espigado pino que da la bienvenida a los fieles en la iglesia San Francisco, hasta el famoso esquilinchuche, un extraño árbol que se levanta en el patio sur de la Catedral San Miguel Arcángel.
Este último es, sin duda, del que más historias se cuentan. Conocido como el "árbol del amor", el legendario esquilinchuche tiene más de 200 años de vida.
Su frondosa figura está conformada por dos troncos entrelazados que simulan las formas de una pareja de enamorados abrazados. En primavera da a luz unas hermosas flores, que al caer, según la leyenda, significaban el número de hijos que tendrÃa una pareja de recién casados, que llegaban al templo solo para sacudir el árbol.
Esta historia que más adelante se convirtió en costumbre, la creÃa doña Otilia López, viuda de IrÃas, ahora de 70 años de edad.
Esta capitalina cuenta que después de su boda, ella y su esposo Policarpo IrÃas (QEPD) salieron al patio sur de la Catedral para cumplir con la tradición de sacudir el enorme árbol que estaba lleno de flores.
Estas empezaron a caer y le dieron un menudo susto a la pareja. "Después de sacudirlo me asusté mucho, pues cayeron 25 flores, pero gracias a Dios, solo tuvimos cuatro hijos", narró con una sonrisa doña Otilia.
La explicación
"Durante la epoca colonial se acostumbraba que las parejas se comprometieran bajo ese tipo de arboles y decÃan que las florecitas que caÃan era el número de hijos que iba a tener esa pareja", explicó Juan Manuel Posse, historiador y director de la Fundación para el Museo del Hombre Hondureño (FMHH).
Es justo por esta costumbre que el árbol es conocido por la mayorÃa de los capitalinos como el "árbol del amor".
Lastimosamente esta tradición comenzó a decaer a finales del siglo XIX y principios del XX. La influencia de estas costumbres vienen desde la epoca precolombina. El árbol era sagrado para los mayas y está relacionado con los rituales de fertilidad.
"El árbol era una especie sagrada en la cultura maya y luego todas nuestras culturas, aunque no hayan pertenecido a la maya están vinculadas", explicó Posse.
Un aroma exquisito
Además del tronco que simula un pareja, las flores son la parte más llamativa del esquilinchuche.
El exquisito y fragante aroma dulce que desprenden las blanquecinas flores ha sido percibido por muchas personas, entre ellas Marcelina Espinoza, una ciudadana que ha vivido en la capital por más de treinta años.
"Yo no sabÃa de la existencia de este árbol, hasta hace unos años que estando en el balcón del Palacio Municipal sentà un olor dulcÃsimo, cuando pregunté de donde provenÃa me dijeron que eran las flores del árbol de la Catedral", recordó Espinoza.
Según el biólogo Edilberto Hernández, de la Unidad Ambiental de la AlcaldÃa Municipal, el árbol de la Catedral es el único ejemplar de esquilinchuche que hay en la capital.
"La unidad ambiental ha hecho un inventario de los árboles más antiguos de Tegucigalpa y Comayagüela y este esquilinchuche es el único que hemos encontrado", dijo Hernández.
Su nombre cientÃfico es Bourreria huanita y su localización geográfica es en el territorio mesoamericano.
En otras regiones es conocido como esquilinsuche, jazmÃn del istmo, en Oaxaca; jazmÃn de palo, en Chiapas; árbol del hermano Pedro, en Guatemala; y árbol del amor o de la fertilidad en Honduras.
Joya natural
Lo extraordinario de este árbol no es solamente su longevidad, sino también que está considerado como una especie en peligro de extinción. Aunque su capacidad de adaptación asombra tanto a biólogos como a historiadores.
"Es sorprendente como este árbol, que debe tener más de trescientos años, se mantiene en pie y logró adaptarse a los cambios que ha venido teniendo el centro histórico de la ciudad", dijo emocionado Posse.
Los pocos especÃmenes que quedan en el mundo, por alguna extraña razón, se encuentran en las cercanÃas de iglesias de la época post colonial.
"Curiosamente muchos de los viejos ejemplares que han quedado se encuentran en claustros de viejas iglesias coloniales", detalló Erasmo Sosa, un biólogo que ha estudiado la joya que se encuentra resguardada detrás de los muros de la Catedral. Muestras de esta especie se encuentran en varias iglesias de Guatemala, donde se le conoce como árbol del hermano Pedro, en honor al primer santo centroamericano.
Uno de los especÃmenes más famosos de Guatemala se encuentra en la iglesia de El Calvario, en Antigua Guatemala. Según cuentan, el árbol fue sembrado por el hermano Pedro, quien le atribuÃa propiedades medicinales. Los árboles legendarios que tienen más de 100 años de edad suman 30.
El guanacaste es la especie que más predomina, sin embargo estos se ubican en plazas y parques de los barrios y colonias.
Pero no solo el esquilinchuche crece en las iglesias.
En el templo El Calvario, justo bajo la cruz del mismo nombre, sede de la Crucifixión de Jesús el Viernes Santo, crece un altÃsimo castaño de más de 100 años.
Su forma invita al descanso de los fieles que llegan al templo a escuchar misa y por años ha sido mudo testigo del recordatorio de la muerte del Hijo de Dios.