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Obligados a vivir de la caridad de los capitalinos

Viendo las condiciones de extrema pobreza a que estos ancianos permanecen expuestos, se requieren soluciones urgentes.
19.01.10 - Actualizado: 19.01.10 10:34pm - Patricia Cálix: gloria.calix@elheraldo.hn

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Tegucigalpa,

Honduras

Sus rostros cansados, surcados de arrugas, denotan infinita tristeza por la soledad en la que se encuentran. Pareciera que en ellos apenas quedan fuerzas para continuar la vida, sin embargo, el esfuerzo que hacen es sobrehumano para manterse en pie.

Y es que "vamos de pobres a pobres", una popular expresión, se ha quedado corta ante la precaria situación en la que viven tres humildes ancianos capitalinos.

Don Julio Valle Acosta, de 75 años, su esposa Domitila Zavala, de 72 años, y su cuñada Corina Zavala, de 74, no viven en condiciones de pobreza sino de extrema miseria.

La vivienda donde habitan -si se le puede llamar vivienda-, ubicada en una zona del popular barrio El Bosque, carece de lo más elemental.

El techo sucio, cubierto de hollín y telarañas; las paredes forradas con pedazos de playwood, llenas de carcoma y polvo; el piso de tierra y la insalubridad de los sanitarios, todo parece estar en la ruina.

Igual de insalubre son los pocos utensilios destinados para la cocina o los recipientes donde almacenan el agua para tomar. Estos capitalinos que en sus años mozos fueron muy laboriosos, hoy carecen de ropa para vestir y con qué abrigarse en las frías noches.

A pura caridad

Para estos ancianos, subsistir se ha vuelto una hazaña, es el reto de cada día.

En el caso de Corina, ella permanece interna desde hace varios meses en el Hospital del Tórax a consecuencia de una tuberculosis crónica; ahí le han dicho que no puede regresar a su hogar por antihigiénico e inseguro.

Para don Julio y doña Domitila, la soledad se ha convertido en una compañera inseparable, ya que este matrimonio no pudo procrear hijos, aunque este fue su deseo más grande.

Además de que ya no les quedan fuerzas para trabajar y percibir un ingreso económico. En sus mocedades, Domitila y Corina se ganaban el sustento diario laborando como trabajadoras domésticas o cocineras, ahora apenas pueden movilizarse.

Don Julio se dedicaba a las labores del campo, chapeo de solares y otras actividades en las que invirtió toda su vida.

Actualmente ellos se han resignado a vivir de la caridad que les brindan vecinos o personas particulares.

Su situación cada día se agrava más, pues no tienen a nadie a quien recurrir, es decir, un familiar que los atienda como ellos se merecen, les cocine algo para comer, los bañe para mantenerlos aseados o les lave la ropa para cambiarse.

Hay días en que con suerte tienen un bocado para llevarse a la boca, que en la mayoría de las veces es pura tortilla con sal, la que acompañan con un poco de agua.

De los alimentos que los vecinos generosamente les comparten tienen que apartar algo para el día siguiente, de lo contrario, sus estómagos permanecerán vacíos.

La falta de aseo en ambos ancianos les ha causado problemas de salud, especialmente en la piel. Julio y Domitila padecen de hongos en la cara, cabeza y espalda.

Un grito de auxilio

La precaria situación de don Julio, Domitila y doña Corina fue descubierta por dos estudiantes de la carrera de Enfermería de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).

Fue durante una práctica realizada en el centro de salud del barrio El Bosque que se enteraron de las condiciones de miseria que enfrentan los tres ancianos. "Parte de nuestro trabajo es seleccionar a familias.

Hay que escoger a una familia que tenga muchas necesidades básicas insatisfechas. Ellos no son pobres sino que son de extrema pobreza o miseria, que esa es su clasificación", opinó Texla Cornejo, una de las estudiantes.

Viendo las condiciones de extrema pobreza a que estos ancianos permanecen expuestos, se requieren soluciones urgentes.

Los tres adultos mayores, que no tienen cómo valerse por sí mismos, necesitan ser trasladados a un asilo donde se les brinde calidad de vida: alimentación, abrigo y atención médica.

"Queremos hacer un llamado a la generosidad de las personas, especialmente a las autoridades de los asilos que existen en la ciudad, para que reciban a estos tres ancianos. Lo recomendable es que los tres permanecieran juntos, pues no quieren estar separados el uno de otro", declaró María Cuadra, otra estudiante.

Don Julio, Domitila y Corina no pueden quedar en el abandono y a merced de la miseria. Hoy queremos llegar al corazón de personas solidarias y generosas, dispuestas a hacer algo en beneficio de estos ancianos que lo necesitan.

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Don Julio Valle y su esposa Domitila Zavala viven en condiciones de miseria extrema en una vivienda del barrio El Bosque y no cuentan con nadie que los atienda.
Don Julio Valle y su esposa Domitila Zavala viven en condiciones de miseria extrema en una vivienda del barrio El Bosque y no cuentan con nadie que los atienda.

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