Honduras
Al igual que Alejandro Colindres en 1747 se cobijó en la protección de Santa María de Suyapa y fue testigo de sus milagros, su descendencia también se acogió al amparo de la madre celestial.
Este 2010, cuando se cumplen 263 años del hallazgo de la imagen de la Virgen Morena, en la pequeña comunidad de Suyapa, hay familiares de Alejandro Colindres, cuya devoción y fe hacia la patrona de Honduras, permanece encendida como una llama viva.
Un ejemplo de ello son Erminia López Colindres de 81 años y Otilia Colindres Borjas de 75, ambas primas y desde luego parientes hasta la sexta generación del labrador; aunque en la aldea hay más descendencia.
Devoción y entrega
Un humilde delantal y su rosario en la mano, son sus inseparables compañeros. El primero es un signo de los quehaceres que les toca realizar en su hogar y el segundo es una muestra de la devoción que durante toda su vida le han dedicado a la virgen de Suyapa.
Desde pequeñas, tanto Erminia como Otilia, han escuchado de viva voz de sus ancestros cómo fue encontrada la imagen de "La Morenita".
Saben de sus milagros, la construcción de los templos la ermita y el Santuario que son los hogares de la patrona y las peregrinaciones que realizan centenares de personas que vienen de tierra adentro a saludar a la Virgen.
Doña Erminia reside en una humilde vivienda ubicada a un costado de la ermita en la aldea de Suyapa. Quienes la conocen la consideran una católica devota que a su edad defiende sus creencias y aún reza a diario el rosario.
Ambas han compartido el gozo y la alegría que despierta contar con el amor de la madre del cielo, la tristeza y la angustia cuando "La Morenita" ha sido objeto de robos.
"Mi madre Julia Colindres, nos contaba que era pariente muy cercana de Alejandro, que fue quien encontró a la virgencita, desde pequeñas hemos sentido esa devoción por nuestra madre", declaró Erminia, quien no se separa de su rosario.
Otilia, también guarda como un tesoro las anécdotas que su familia le ha contado, referente a la Virgen de Suyapa. Una de ellas es que en la aldea vivía un señor de nombre Antonio Moncada, quien se encargaba de cuidar la imagen, impidiendo que esta saliera de la ermita.
Machete en mano, el señor Moncada, se apostaba todos los días en el atrio de la pequeña iglesia, para estar pendiente de los fieles que llegaban a venerar a "La Morenita", incluso, les hacía el respectivo registro.
"Toño Moncada, no dejaba su machete y pasaba en la entrada del templo todos los días cuidando a la Virgen, sentía tantos celos por ella, que yo creo que celaba más a la virgencita que a la esposa", comentó Otilia.
Otra de las historias que circula y de la que ambas devotas son testigo es la de "La loca Dolores", una mujer que vivía en la aldea y que había perdido sus facultades mentales.
Una tarde Dolores se robó la imagen de la Virgen de Suyapa, y por este hecho se culpó a unos húngaros que estaban de visita en la comunidad.
El general Carías, quien fungía como presidente de la República, fue enterado de este hecho, y cuando descubrió que era la loca Dolores quien había cometido el robo, la mandó presa a la Penitenciería Central, donde se le dictó cadena perpetua.
Así como Erminia y Otilia, han conocido la historia de la Patrona de Honduras por relato de sus familiares, ellas también se han encargado de transmitir a los suyos los hechos de este acontecimiento y no solo eso, han propagado la devoción y luchan por mantener viva esta creencia, así como lo hiciera su pariente Alejandro Colindres.
Aunque en el hallazgo también participó el niño Lorenzo Martínez, fue la familia Colindres quien llevó a la Virgen a su humilde hogar en la aldea de Suyapa, que se convirtió en una especie de ermita que marca el inicio de la fe y devoción por la Patroncita como le llaman sus hijos.
Sus descendientes, orgullosas de su apellido, defienden el maravilloso legado de Colindres que ahora es de todos los hondureños.
El milagroso hallazgo
El Piligüín, rodeado de espesa vegetación y bosques, se convirtió en el rincón catracho, donde la Virgen María decidió adoptar la nacionalidad hondureña.
Bajo la advocación de Nuestra Señora Concepción de Suyapa, la reina del cielo y tierra, decidió acoger bajo su amparo maternal a un pueblo, que, 263 años después camina tomado de su mano.
El privilegio del hallazgo de su imagen milagrosa, recayó en Alejandro Colindres, humilde labrador y el niño Lorenzo Martínez su acompañante, originarios del pequeño poblado de Suyapa.
En la mañana del sábado 3 de febrero de 1747, ocurre el milagroso hallazgo de la imagen de la Virgen de Suyapa.
Luego de un intenso día de labores en la milpa de don Juan José Lozano ubicada en El Piligüín, después de que les agarrara la noche, Alejandro y Lorenzo, deciden quedarse a dormir en aquella comunidad.
Un "extraño objeto" a un lado de su costado, impidió que Alejandro tuviera un sueño tranquilo, tras lanzarlo en repetidas ocasiones, decidió guardarlo en su pequeña alforja.
Una vez de regresó a su casa en la aldea de Suyapa, en presencia de su madre Isabel Colindres, Alejandro descubrió el objeto que guardaba. Con asombro vio que se trataba de una pequeña imagen de la Virgen María, de 6.5 centímetro en madera de cedro.
En la presencia de Alejandro Colindres y Lorenzo Martínez, se encontraba representado el pueblo de Honduras.