Honduras
Nadie sabe quiénes son, pero sí que se trata de 20 personas bien armadas.
El cerro que rodea la colonias el Loarque, Altos de Santa Rosa y residencial Santa Clara, pareciera un campo minado, casi impenetrable, que le ha dado vida a las historias de vaqueros y pistoleros del viejo oeste.
Es una incesante y prolongada migración de gentes con deseos de satisfacer su necesidad de vivienda y que invasores de oficio han sabido aprovechar muy bien.
Para llegar a los sitios de la invasión denominados Las Mesas y La Barranca, donde se han levantado pequeñas covachas, construidas con tablas de pino, y techos improvisados con láminas, plásticos y ramas; hay que estar seguros de que se trata de un terreno sumamente peligroso.
Por no ser un lugar de fácil acceso para desconocidos, mucho menos para los medios de comunicación, es de arriesgarse, incluso a salir sin vida.
Asumiendo el riesgo
Eran las 10:00 de la mañana cuando el equipo de EL HERALDO, atendiendo las denuncias se personó a La Barranca y a Las Mesas.
Se trata de terrenos localizados en un cerro, que son áreas verdes, ubicados entre las colonias Loarque y Altos de Santa Rosa.
La llegada fue advertida vía teléfono celular por dos hombres, y en cuestión de segundos, se habían sumado más.
La primera acción que hicieron fue cercar el vehículo en el que se transportaba el equipo periodístico, impidiéndo así bajar del mismo.
Todos estos individuos, en total 20 personas, estaban armados literalmente "hasta los dientes". Desde armas improvisadas como palos y garrotes, hasta machetes, pistolas y escopetas.
Las miradas que se dirigían unos a otros y la manera cómo observaban, les indicó de inmediato al equipo de EL HERALDO que no era bienvenido y que lo mejor que podía hacer era abandonar lo más pronto posible el lugar, antes de arriesgar la existencia.
Al momento de salir unos 10 individuos custodiaron el vehículo hasta la salida a fin de verificar que en realidad abandonaba el lugar.
La Barranca y Las Mesas, parecen un campo verdaderamente minado y permanece bien resguardecido por los cuatro puntos cardinales.
Gran invasión
Las investigaciones indican de que se trata de un negocio "redondo", que le está generando millones a quien se ha declarado dueño absoluto de estos terrenos.
Por cada lote adquirido se paga una cantidad que oscila entre los 2,500 a 3,000 lempiras, arriesgándose el comprador a que más adelante lo despojen de su propiedad, ya que no recibe ningún comprobante con qué demostrar a futuro que es el dueño del terreno.
Pero si el interesado quiere un predio mejor ubicado, ya sea una esquina o con más amplitud deberá cancelar si es posible hasta 6,000 lempiras, más el pago obligado de la efectiva "vigilancia".
Actualmente, en esta zona que carece de todos los servicios básicos, habitan aproximadamente unas dos mil familias.
Algunas de ellas llegaron a esta comunidad en 2002, año en que dio inicio esta millonaria y rentadora tarea de invadir bienes ajenos.
Según informes de algunos personas que viven en este sector, quienes por temor a represalias prefieren mantener sus nombres en el anonimato, hacen falta por vender aproximadamente 15 mil lotes, que de concretarse podría reportar más de 50 millones de lempiras a Alejandro, el supuesto propietario.
Realmente se pueden observar predios construidos con improvisadas casuchas, pero estando en la zona, la mayor parte de la falda del cerro está "lotificada".
Pero la invasión no se detiene y ya hasta ha llegado a la enorme cima del cerro, donde cada movimiento o estafa está calculado.
Lo que parece extraño, es que a casi ocho años de este problema, las autoridades edilicias no se hayan pronunciado al respecto.
Tomando en cuenta de que muchas personas han sido hábilmente engañadas, la regidora Doris Gutiérrez, es quien ha estado interesada en que se resuelva este problema.
Gutiérrez expuso que es necesario que la Unidad de Tenencia de Tierras de la Alcaldía Municipal investigue y determine las condiciones en que se han dado estos asentamientos y si los terrenos son del Estado o propiedad privada.
Para hoy lunes se espera presentar un informe técnico de los ingenieros municipales, que al parecer llegaron a la zona y que este rotativo no pudo constatar.