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Capitalino convierte predio baldío en parque

En la colonia, a este lugarcito de verdor y de sombra en la quinta calle se le conoce como "el parquecito".
18.03.10 - Actualizado: 18.03.10 07:38pm - Redacción: redaccion@elheraldo.hn

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Tegucigalpa,

Honduras

Don Emilio comienza sus mañanas con las noticias, una taza de café, un gracias a Dios y un recorrido por su jardín para regar y revisar los árboles, plantas y flores que crecen bajo su constante cuidado.

Lo ha venido haciendo así por años. Desde 2003, cuando tuvo la idea de convertir un solar baldío ubicado casi enfrente de su casa en la colonia Primavera en algo más que un espacio inerte y paradero de desperdicios y materiales de construcción, como algunas personas pretendían.

Con la ayuda de don José, quien le ha hecho ‘trabajitos’ de jardinería a más de un vecino, y a fin de evitar que la gente viniera a dejar allí pilas de desechos, puso manos a la obra, arrancando zacate y moviendo piedras. Una vez limpio el solar, se abocó a los vecinos de la cuadra para que colaboraran con una planta.

"Don Victorio plantó una palmera, doña Vicky me dio una planta; Carla, la hija de doña Daisy, dio unos árboles de jacaranda y un cedro; yo sembré dos chiflones", narró.

Dos chiflones, una pascua, un pino "que no se pegó" -según cuenta- y muchas plantas que fue comprando en viveros capitalinos y recogiendo desde más largo todavía, cuando tenía oportunidad.

"Las pascuas las traje de San Francisco", recuerda. Y una de flor moradita, desde Los Mezcales, también en Choluteca. "¿Cómo es que se llama?", le pregunto acerca de una planta cuyas flores se abren de mañana y en la tarde se cierran como si estuvieran durmiendo.

"Se llama San Pablo, pero yo le digo Juan Pablo II", contesta. Y ambos nos reímos.

En la colonia, a este lugarcito de verdor y de sombra en la quinta calle se le conoce como "el parquecito".

A él llegan muchas personas, desde madres con sus bebés hasta señores y jóvenes estudiantes para un momento de recreación.

Y se oye decir, además, que es el sitio predilecto de los vecinos más pequeños. Solo hay que preguntarle al ingeniero Guillermo Flores, cuyo quinteto de nietos le piden con insistencia, y a veces hasta en conjunto, "¡Abuelo, vamos al parquecito!" Y a él no le queda más que complacer a Freddy, a María José, a Leo, a Mario Alberto y a Valeria y llevarlos a jugar.

"Les gusta andar corriendo alrededor de los palitos y se guindan de las ramas más fuertes como columpio", cuenta. "Como don Emilio lo mantiene bonito, les gusta; para ellos es una selvita allí.

Además recogen florecitas para llevarle cada uno a su mamá. Y claro, siempre hay uno que dice: ‘Esto se lo vamos a llevar a Abui’, refiriéndose a un par de flores para la abuelita Zila también".

En honor a la verdad, no todos llegan a jugar o de paseo. No han faltado manos destructoras como las que quitaron y tiraron a un barranco una de las dos bancas que había pintado y puesto don Emilio para que las personas tuvieran donde sentarse. O como las que cortan las hojas de algunas plantitas.

Alguna gente se ha llevado plantas enteras. "Ah, se han robado un montón", detalla.

"Otras las quiebran solo por hacer el mal", sigue don Emilio. Y lo cuenta sin comprender.

"Los que se han salvado", dice apuntando a un arbusto de vibrantes flores fucsia, "son los napoleones, porque tienen espinas y no se van a dar el lujo de tocarlos".

No obstante, son más los que aprecian y vienen a distraerse un rato entre los macuelizos, cabañas, manos de león, y flores de mar Pacífico. Son más los niños que llegan a correr y a reír.

Son más a quienes les parece bello cuando la chilca se llena de flores entre los meses de noviembre a marzo y se cubre el piso con una alfombra de pétalos amarillos al desprenderlas el viento.

Por eso don Emilio sigue fertilizando, sigue combatiendo zompopos, sigue plantando, sigue regando y sigue viendo con agrado desde el porche de su casa cuando tres muchachas platican y disfrutan de la brisa que ha venido a aliviar el tremendo calor de la tarde. "Siempre vienen", dice.

Y en confianza añade: "A los bolos ya días no los veo, pero en Semana Santa seguro van a venir".

Tal es el jardín de don Emilio, quien me habla con confianza porque don Emilio Amador es mi padre... y a mis ojos, un buen ciudadano que, regadera en mano, hace lo suyo para que en un rinconcito de la colonia los vecinos encuentren siempre, como su nombre indica, un pedacito de primavera.

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Don Emilio Amador es considerado un héroe urbano por los vecinos, cuida con cariño cada planta que hay en el jardín que existe desde 2003.
Don Emilio Amador es considerado un héroe urbano por los vecinos, cuida con cariño cada planta que hay en el jardín que existe desde 2003.

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