Honduras
Su memoria estaba perdida entre harapos, mugre y toneladas de basura.
Su aspecto casi primitivo en pleno siglo XXI, con el pelo sucio, largo y enredado y una sobredosis de agresividad, los condenó al repudio.
Llenos de sorpresa, sus vecinos vieron cómo dos cultos ciudadanos se hundieron en la demencia y la indigencia.
Rafael Ángel Rodríguez, de 48 años, un diseñador gráfico, y su anciano padre, Tulio de Jesús Rodríguez, un profesor de educación primaria, perdieron la razón un día cualquiera, como una tormenta que llega sin previo aviso.
Quienes les conocen aseguran que el origen de su locura fue un "remedio" natural que curaría su mal de mujeriegos empedernidos.
Durante 30 años fueron invisibles en la colonia Villeda Morales, hasta que un día, su desequilibrio mental puso en inminente peligro la salud de 30 mil habitantes de nueve comunidades que hay alrededor.
Increíblemente, su crítico estado mental les hizo creer que su humilde vivienda era un próspero supermercado, al que abastecían con los desechos que recogían día y noche, como si fuese mercadería.
Bolsas, papeles, envases plásticos, sacos, latas, ropa interior femenina, pedazos de chatarra, zapatos y todo tipo de desechos colgaban de las podridas vigas del inmueble y colapsaron los dos cuartos, la cocina y la enorme sala. Luego siguió el patio y por último la calle peatonal.
Sus arduas jornadas de "trabajo" de los últimos 12 años acabaron por inundar con más de 10 toneladas de basura la vivienda y hasta la calle de acceso al bloque, creando un terrible foco de contaminación en la zona.
El hedor y el criadero de zancudos y chinches obligaron a dos enfermeras del centro de salud Concepción de Río Grande a elevar la alerta roja y pedir de urgencia la intervención de la Región Metropolitana de Salud.
Ese 17 de julio de 2008, EL HERALDO atendió el llamado de auxilio. A raíz del reportaje publicado en Metro, que reveló la lamentable realidad de estos dos hondureños, originarios de Juticalpa, Olancho, la Región Metropolitana de Salud ordenó al día siguiente un operativo de limpieza y fumigación del inmueble.
El operativo se extendió durante dos días consecutivos, se usaron dos vehículos recolectores de la Alcaldía Municipal y se hicieron no menos de 10 viajes al crematorio municipal.
Don Tulio y "Rafa", debían recibir atención médica de inmediato, ya que se confirmó la presencia de chinches picudas en la vivienda.
Las enfermeras del centro de salud Concepción de Río Grande cortaron los nudosos cabellos de ambos, los bañaron y cambiaron sus harapos por ropa limpia para luego trasladarlos al hospital Escuela.
El diagnóstico fue terrible. "Rafa" padecía de demencia crónica y don Tulio de demencia senil, producto de la edad, y debía ser llevado a un asilo.
EL HERALDO logró que fueran ingresados, uno en el hospital psiquiátrico Mario Mendoza, y el otro en el asilo de inválidos del hospital San Felipe.
A través de una campaña a su favor, este rotativo recolectó alimentos, ropa y productos para su aseo personal. Además, un solidario capitalino donó la silla de ruedas que necesitaba don Tulio.
A fin de no afectar el amor que sentían el uno por el otro, Sandra Amador, administradora del Cesamo Concepción de Río Grande, se comprometió a buscar la manera de que se vieran.
Durante dos años se ha convertido en el ángel protector de "Rafa" y don Tulio, a quienes llama "mis hijos".
Tres meses después, "Rafa" salió del hospital psiquiátrico y regresó a su vivienda.
El tratamiento debía seguir, pues estaba dando resultados. Sin embargo, a los meses, una recaída hizo que "Rafa" llenara de basura la casa en dos ocasiones y de nuevo fue intervenida.
A un año y medio de continuar su tratamiento al pie de la letra, "Rafa" se ha recuperado en un 95 por ciento. Hace cinco meses, religiosamente, se traslada cada semana por sí solo al asilo a visitar a su padre, siempre permanece limpio y la cordura ha vuelto a su mente.