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Autobuses urbanos, un viaje al filo del peligro

Según Ramos, sumado a la mala conducta de los operarios, está el crimen organizado que contribuye a complicar el problema.
28.06.10 - Actualizado: 28.06.10 10:03pm - Redacción: redaccion@elheraldo.hn

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Tegucigalpa,

Honduras

El frío de la mañana recorría la espalda.

La temperatura llevaba impreso el temor que miles de capitalinos viven a diario en las 2,500 unidades del transporte urbano que recorren la ciudad en las 23 rutas.

El recorrido comenzó en el centro. Eran las 7:00 AM. Abordamos la unidad 323 con ruta Carrizal-La Sosa. Adentro, el estridente sonido de los parlantes sonando un tema de reggaetón, que apenas entendimos, nos dio la bienvenida.

Apenas buscamos asiento, conocimos la historia de don René Osorio, un humilde capitalino de 75 años que venía de su casa en la colonia La Sosa y se dirigía hacia El Carrizal.

Lo que contó era para llorar. Al sexagenario mecánico le ha pasado de todo.

"Hace unos ocho días me subí al bus, iba a trabajar al taller y puse la caja de herramientas en el suelo, en un segundo me la habían robado a vista y paciencia del conductor y el cobrador", dijo al borde de las lágrimas.

Los asaltos ya ni los cuenta, asegura que lo han amenazado con toda clase de armas y le ha tocado entregar sus pertenencias, por eso ahora no carga más que el pasaje.

Don René se encuentra en la lista de los 4 a 7 capitalinos que son asaltados a diario en estas unidades, según cifras de la Policía Nacional.

"La mayoría de delitos ocurren en las estaciones. En el hecho están confabulados vendedores de dulces que se suben a los buses a ofrecer sus productos, conductores y cobradores", explicó el titular de la Jefatura de Policía Metropolitana, Mario Chamorro.

En medio de la conversación con don René, el cobrador pasaba una y otra vez exigiendo el pago del pasaje.

"Pasaje, pasaje, pasaje", gritaba a todo pulmón, mientras pedía con malos modales a los usuarios que se corrieran al fondo de la unidad. El reloj casi marcaba las 8:30 AM.

Amenaza diaria

Suyapa-UNAH-Mercado fue la siguiente ruta. Solo abordar el bus en la terminal de la colonia Nueva Suyapa fue un logro, la zona se encuentra en la lista de las más calientes en cuanto a delincuencia.

Muchos usuarios de estas unidades ni siquiera alcanzan a tomar el bus cuando son interceptados por malhechores que amenazan con armas cortopunzantes.

Ya daban casi las 9:00 de la mañana. Los gritos del cobrador se mezclaban con los de un menor que ofrecía caramelos a los pasajeros.

Apenas avanzamos unos kilómetros y la unidad se estacionó en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), pasaron entre 20 y 30 minutos y a pesar de nuestras quejas el conductor no se inmutó.

Entre el estridente ruido de la radio que emitía una canción de moda de Lady Gaga, apenas audible, nos encontramos con

Karla Santos, una capitalina que reside en Los Pinos y que llegó a Nueva Suyapa a ver a un pariente enfermo.

Entrada en confianza, la humilde mujer que llevaba consigo solo la fotocopia de su tarjeta de identidad y un celular motorola 135 que tal vez pasaría desapercibido para los delincuentes, comenzó a hablar de su vida.

"Varias veces me he salvado de que me asalten, la última vez Dios me protegió, el ladrón me arrebató la cartera con toda mi quincena, se la logré quitar pero me lastimé el tobillo al deslizarme en las gradas del bus", recuerda, mientras muestra una torneada pantorrilla debajo de la que asoma el lodo del par de tenis que calza.

Mientras ella contaba la historia, el conductor detuvo la unidad por enésima vez, en la estación ubicada frente a la escuela República de Argentina. Pregunté la hora y una señora de voz chillona y vestida de rosa, con un delantal a cuadros, me respondió desde el asiento de atrás, que ya eran las 10:00 AM.

Ahí vivimos en carne propia el temor de ser asaltados por dos individuos de extraño aspecto, que por las miradas de los demás pasajeros, supimos que eran delincuentes.

Y peor aún, estaban aliados con el conductor y el ayudante, quienes se molestaron al descubrir que el fotógrafo de EL HERALDO estaba haciendo gráficas dentro de la unidad. "Si nos seguís sacando fotos te vamos a pelar, mejor perdete chavo...", le dijo el conductor al fotógrafo.

El miedo cala...

La inseguridad es visible, todo el mundo se da cuenta de lo que pasa pero nadie dice nada por temor a represalias. Todo el que se sube inspira temor, desde la vendedora de chicles hasta el supuesto caballero de buen vestir, dan la impresión de ser asaltantes.

Y es que el crimen organizado y las maras campean dentro de las unidades y en las estaciones.

Apenas recorrimos la ruta Carrizal-La Sosa y nos enteramos que habían asesinado al conductor de una de las unidades por no pagar el temido "impuesto de guerra".

Pero dentro cada quien a lo suyo, todo parece normal, hasta el cobrador que repite mil veces: "quien baja... pasaje, pasaje, pasaje"... y de manera irrespetuosa cuenta cada lempira casi en la nariz de un grupo de adultos mayores, que iban de pie casi al final del bus.

Le di el asiento a uno de ellos y me uní a los que quedaron de pie. En pocos minutos todos parecíamos sardinas en una lata.

No cabía un alma, pero el cobrador insistía en repetidas ocasiones: "córranse, córranse"... Además del ruido, en la unidad se vivía una mezcla de olores, desde combustible hasta corporales, se confundían entre el calor que ya empezaba a arreciar.

Eran las 11:40 AM. Después de estar casi media hora en la estación, me bajé solo para presenciar un acto indigno.

Doña Carmen Sauceda, de 62 años, casi pierde la vida.

Su andar lento fue la causa para que el conductor del bus 225 con ruta La Fuente-Mercado no le permitiera subir a la unidad y casi la arrollara.

"Bárbaros, no respetan nada", dijo la señora mientras aún le temblaban las piernas del susto.

Ahí no hay ley. A pesar de las disposiciones de la Dirección General de Transporte (DGT),

muy pocos utilizan chaleco.

Su lenguaje es vulgar y no se miden para lacerar la dignidad de los usuarios.

Pero ¿qué hacen las autoridades para hacerle frente a un problema que se arrastra desde hace años?

Blas Ramos, titular de la DGT, reconoció que hay mucho trabajo por hacer para cambiar la mala imagen que tiene el sistema de transporte público de la ciudad.

Según Ramos, sumado a la mala conducta de los operarios, está el crimen organizado que contribuye a complicar el problema.

"No podemos olvidar que el problema del transporte urbano es enorme, no hay seguridad para el usuario. Es necesario buscar alternativas para optimizar el servicio, pero debemos saber que esto no se resuelve de la noche a la mañana", dijo.

Su tibia respuesta es sin duda el augurio de que los usuarios continuarán sufriendo maltratos, vejaciones y seguirán expuestos a la delincuencia en las 2,500 unidades del transporte urbano que algunos llaman "ataúdes rodantes".

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Al menos la mitad de los capitalinos utiliza el transporte público, que suma 2,500 unidades. Miles de ciudadanos de escasos recursos viajan colgados y apretados como sardinas en lata.
Al menos la mitad de los capitalinos utiliza el transporte público, que suma 2,500 unidades. Miles de ciudadanos de escasos recursos viajan colgados y apretados como sardinas en lata.

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