Honduras
Escuchar de boca de las mismas autoridades que los capitalinos siempre vivirán en una ciudad vulnerable es, sin duda, una realidad que no va a desaparecer con medidas de mitigación y proyectos de infraestructura.
Apenas hace unas semanas, el gerente del Comité de Emergencia Municipal (Codem), Roberto Mendoza Garay, dijo que las zonas de riesgo de la ciudad aumentaron de 140 a 150 y el fin de semana se sumó una nueva amenaza.
Rolando Mora, director de la Escuela Centroamericana de GeologÃa, advirtió que varias zonas de la ciudad se levantan sobre terreno conformado por material volcánico, lo que pone en un peligro aún mayor a los 300 mil capitalinos que residen en zonas de riesgo.
El descubrimiento surgió tras un recorrido que el experto hizo por zonas de deslizamiento, a petición del PNUD y la AlcaldÃa Municipal.
Tras los resultados, el director interino del PNUD, Luca Renda, recomendó al alcalde capitalino, Ricardo álvarez, hacer estudios geológicos antes de autorizar cualquier construcción en la ciudad, para verificar si se trata de una zona habitable.
Oscuras cifras
Las apreciaciones del geólogo indican que son 16 colonias las están expuestas a un mayor peligro por deslizamiento.
La noticia eleva aún más la alerta, cuando las autoridades afirman que tres fallas más se han sumado a las 18 existentes. Estas están ubicadas en la colonia Guillén, que ha sido declarada como inhabitable; La Obrera, donde la mayorÃa de las casas están agrietadas y la Ulloa.
"Hemos dividido las zonas de riesgo en categorÃas A, B y C. Las que se encuentran en la A es donde el peligro de deslizamiento es latente y las
B y C son estables pero con tendencia a deslaves", explicó Julio Quiñónez, de la unidad de Desastres Naturales de la AlcaldÃa. Doña Bertha Romero, de 68 años, una humilde capitalina residente en la colonia Canaán, no entiende de categorÃas, pero tiembla cada vez que escucha por la radio que habrá lluvias.
"Ya llevo más de 30 años viviendo aquà y los delizamientos de tierra son fuertes. Tratamos de practicar métodos de prevención, sabemos que vivimos en una zona de riesgo pero no tenemos a dónde ir, solo nos queda pedirle a Dios que no ayude", dijo.
En igual o peor circunstancia se encuentra Carmen Almendárez, quien ha visto de cerca las crecidas del rÃo Choluteca desde su casa, ubicada en la zona de El Berrriche.
"Espero que el dÃa que me toque salirme de mi casa sea a un lugar mejor, por aquà han venido varias autoridades pero solo vienen a supervisar y a tomarse fotos", expresó con molestia.
A la mano de Dios
Y es que las cifras de la vulnerabilidad crecen cada año, no asà las medidas de mitigación y las obras estructurales que se necesitan para hacerle frente a los desastres.
A las zonas de deslizamientos que atraviesan las ahora 21 fallas geológicas, se suman los cuatro rÃos y 13 quebradas que atraviesan la ciudad y que aportan su alta cuota de peligro para miles de familias.
Pero, ¿con qué cuentan los afectados?
La respuesta no es nada prometedora. En la ciudad hay organizados 176 Comités de Emergencia Local, que según las autoridades del Comité de Emergencia Municipal, están habilitados permanentemente durante la temporada ciclónica en el Distrito Central.
Sin embargo no todos tienen capacidad de respuesta ni el equipo necesario para salvaguardar las vidas de la población que apenas tiene acceso a unos 40 albergues en casa de catástrofe, en su mayorÃa habilitados en iglesias y centros comunales.
Cada Codel es integrado por 15 voluntarios que durante las lluvias permanecen activos en turnos.
Las autoridades le dan atención a las zonas de mayor vulnerabilidad.
De las 21 fallas geológicas, las tres más peligrosas y que están activas son El Berrinche, El Bambú y El Reparto.
No hay mucho por hacer, cuando se necesitarÃa reubicar a 300 mil personas.
La única opción viable es simple y grosera: enseñarles a vivir con el riesgo y saber qué hacer en caso de catástrofe para preservar la vida.