Honduras
La muerte es más que un proceso biológico. Es un paso espiritual mediante el cual el alma abandona el cuerpo para continuar viviendo en otro espacio. Es un viaje, una despedida, un hasta luego.
Y eso es lo que significa para "Rafa" la inesperada partida de su señor padre, como él llamaba al autor de sus días.
En medio de su dolor, está seguro que don Tulio vivirá en su corazón por toda la eternidad, como una llama encendida que no se apagará jamás.
Don Tulio de Jesús Rodríguez se ha marchado y ahora está con Dios. Se apagó su luz, pero la huella escrita y remarcada en este mundo con fe, amor y esperanza será su mejor legado para quienes lo conocieron y para EL HERALDO, que hizo parte de su impresionante historia.
Ambos, padre e hijo, han sido sin duda la mejor muestra de amor y fe.
Después de permanecer perdidos durante 30 años en un mundo ficticio de alucinación y locura, lograron liberarse de sus fantasmas y volver a tener esperanza.
Lastimosamente cuando este rotativo publicó su dramática historia, don Tulio sufría del mal de Chagas, enfermedad que adquirió al convivir durante tanto tiempo con la basura. Pero, gracias a la campaña de EL HERALDO, que fue apoyada por personas solidarias, por casi dos años tuvo una mejor vida en el asilo de inválidos del hospital San Felipe y murió dignamente.
Amor eterno
Ni en la agonía de la despedida fuimos capaces de comprender la profundidad del amor que se profesaron.
Una noche antes de que muriera su señor padre, "Rafa" se quedó con él en el asilo velando su sueño.
Antes del amanecer, salió al patio del asilo y cortó hojas de un árbol de limón, las llevó hasta la habitación de su padre y luego lo cubrió de pies a cabeza con ellas.
Según explicó, "las hojas de limón son medicinales y eso le ayudaría a mi señor padre a recuperarse". Colocó una gasa sobre la cabeza llena de canas de su progenitor. "Era para que le diera calor. No quería que se muriera con frío", relató.
Durante los dos años que don Tulio vivió en el asilo, Rafael llegó religiosamente a visitarlo. Sandra Amador, enfermera del centro de salud Concepción de Río Grande, de la colonia Villeda Morales, el ángel guardián de don Tulio y Rafael, se encargó de proporcionarle 20 lempiras diarios para su transporte.
"El profe murió en paz. Rafael también está tranquilo porque nunca abandonó a su padre. Todos los días iba a pedir el pasaje para ir a verlo", confirmó.
Dos días antes de morir, don Tulio pidió un abogado para traspasar la casa a nombre de Rafael, con la cláusula que cuando su hijo muera, el inmueble pase a ser un anexo del centro de salud que tanto veló por ellos.
El trámite ya está en el Instituto de la Propiedad. Don Tulio reiteró haber encontrado una madrina en EL HERALDO y pidió a los reporteros de Metro que no lo olvidaran y que ayudaran a su hijo. "Rafa" sirvió a su padre hasta el último momento.
Hacerlo bajar del vehículo que conducía los restos de su padre fue una hazaña. Bajo una densa lluvia que caía sobre la capital, amigos y vecinos de la colonia le dieron el último adiós al "profe", como le conocían en la Villeda Morales.
Envuelto en llanto, Rafael pudo dedicarle unas palabras: "Hasta luego señor padre, gracias por todo el amor que me dio. Lo veré en el cielo", fue su despedida.