Honduras
El fervor y la devoción permanecen estrechamente unidos cuando de acogerse al amparo maternal de la madre del cielo se trata. Comayagüela, el antiguo poblado de indios que vio sus albores en el siglo XVI, ha confiado su amor y esperanzas a la concebida sin mancha y sin pecado original: la Virgen MarÃa, bajo la advocación de la Inmaculada Concepción.
Una majestuosa belleza, mirada donde se advierte la abnegación de su amor, eterna sonrisa de gozo en sus labios, manos en actitud de oración y atavÃo con fino ropaje son los rasgos de la imagen que veneran los devotos de Comayagüela.
Fidelidad absoluta
¿Qué he merecido yo para que venga a visitarme la madre de mi Señor? Las palabras de Santa Isabel, plasmadas en el evangelio de San Lucas, sin duda han sido las mismas que los pobladores de Comayagüela pronunciaron cuando los misioneros franciscanos les transmitieron la devoción hacia la Virgen Inmaculada.
Fueron los hermanos franciscanos los que defendieron la devoción en todas las comunidades donde sembraron sumisión y, sobre todo, el dogma de que la Virgen MarÃa fue concebida sin mácula y pecado original.
Desde luego "Comayagua la pequeña", como se le ha denominado a Comayagüela, no fue la excepción y el culto y las muestras de fe hacia la Inmaculada quedaron instituidas. Según fray Mauricio Espinoza, párroco de la iglesia Inmaculada Concepción, esta veneración tiene sus orÃgenes en 1850.
Después de 160 años, los habitantes de este hospitalario y honrado pueblo de la antigua Villa de Concepción, especialmente la feligresÃa católica, han venido manifestándole amor a su fiel patrona.
"La feligresÃa siempre ha amado a la Virgen MarÃa bajo esta advocación a la Inmaculada Concepción, y han sido infinitamente bendecidos", manifestó el presbÃtero.
Y no es para menos si en ella encuentran el consuelo para sus penas y se mantienen bajo su divino amparo.
Hoy el calendario litúrgico celebra la solemnidad de la escogida de Dios, sin mancha y sin pecado, para ser la madre de su hijo Jesús.
Hoy es dÃa de fiesta y regocijo para los habitantes de la ciudad gemela que se unen para vivir su esperanza, al igual que la Virgen MarÃa vivió su fe en Dios. Alboradas, rezos del santo rosario, cánticos, ofrendas florales, eucaristÃa solemne y procesiones serán los obsequios con que la feligresÃa honrará a su patrona.
La imagen de la Inmaculada Concepción viste sus mejores galas y ocupa el merecido situa de honor.
Frutos de la fe
El templo de la Inmaculada Concepción, de imponente estilo barroco, data, según leyenda inscrita en su frontispicio, de 1792.
Según la obra "Comayagüela en la historia nacional", del escritor Salvador Turcios, la iglesia fue ascendida a la categorÃa de parroquia en el año de 1893. Por su belleza arquitectónica, que la convierte en tesoro patrimonial de la nación, se le ha considerado por años como la catedral de Comayagüela.
La parroquia ha dado sus frutos de fe al ir creando otras iglesias que pertenecen al decanato de Comayagüela Norte: El Calvario, Sagrada Familia, MarÃa Auxiliadora, Salvador del Mundo y Nuestra Señora de la Esperanza.
En todos estos templos religiosos se cumple el precepto de difusión de la buena noticia, del amor de Dios y de Jesucristo hacia la humanidad y de ir de la mano junto al pueblo que a través de los años conserva intacta su fe religiosa.
Hoy como ayer, igual que en la bodas de Canaán, la Inmaculada Concepción lleva de la mano a comayagüela y sus hijos.