Honduras
Después de las celebraciones de Navidad y fin de año, Camilo Carranza no tiene voluntad para levantarse de la cama, las fuerzas lo abandonan...
Por fin, a las 9:30 de la mañana y con el poco ánimo que logró reunir, se pone en pie, va a la sala, se tira en un sillón y enciende el televisor para ver su programa favorito: fútbol americano.
Piensa un momento y recuerda que ha quedado sin un lempira en los bolsillos de su pantalón, que no tiene para comer y mucho menos para ir a traer a su familia, que se fue a pasar el 31 al municipio de San Marcos de Colón, Choluteca.
Pero como quien toma la decisión más acertada y una luz ilumina su cerebro, apaga el televisor y lo desconecta con la intención de llevárselo para la primera casa de empeño que encuentre a su paso.
"No tenía otra opción para contar con dinero, pues no tenía ni un centavo; gracias a Dios que uno tiene sus cositas de las que puede echar mano y llevarlas a empeñar. Eso sí, tengo que recuperar el tele antes que mi familia venga, porque mis hijos no se pierden los muñequitos", manifestó Carranza mientras contaba los 1,300 lempiras que recibió en la casa de empeños por el televisor pantalla plana de 21 pulgadas.
Excesos
En la época navideña nunca faltan los compradores impulsivos, irracionales y desmedidos, que no tienen control del dinero y se exceden en sus gastos, por lo que ya es común que muchos capitalinos enfrenten situaciones similares a las de Carranza.
Cándido Amaya, gerente de Inteligencia Empresarial y Proyectos de la Cámara de Comercio e Industrias de Tegucigalpa (CCIT), explicó que este fenómeno se debe a que el ser humano es recurrente en cometer los mismos errores, pese a las experiencias y recomendaciones hechas por los expertos en materia económica. "Los ciudadanos no toman en cuenta las recomendaciones que se les explican, y para este tipo de ocasiones donde la euforia sobrepasa los límites de lo prudente, se exceden en los gastos", declaró Amaya.
El experto enfatizó que una de las recomendaciones que se hace a los capitalinos en la época de Navidad es que jerarquicen sus necesidades, que planifiquen la distribución de su ingreso y eviten las compras compulsivas, igual que caer en la trampa de la mercadotecnia, que crea necesidades que no existen.
"Las personas al calor de las celebraciones se exceden y gastan lo que no tienen, por lo que llegada la realidad nuevamente se encuentran en situaciones insostenibles y para obtener dinero recurren al uso de sus activos para empeñarlos", aseguró.
Amaya reiteró que las celebraciones navideñas son para ser disfrutadas en familia y no para caer en la trampa que ofrece la mercadotecnia, en la que cae la población de menores recursos.
A la suerte
José Soto, quien labora en una casa de empeños ubicada en la séptima avenida de Comayagüela, manifestó que la semana del 3 al 8 de enero es crucial, ya que es cuando los capitalinos aprovechan para empeñar sus artículos, enseres u otras pertenencias.
"Este es el tiempo en que la gente queda lavada, sin dinero, y lo primero que hacen es venir a empeñar; a partir de hoy estamos esperando una mayor afluencia", manifestó Sato.
Los enseres que son llevados a estos sitios son sometidos a una rigurosa prueba, ya que tienen que estar en óptimas condiciones y de esto depende cuánto se presta por ellos.
Existen establecimientos que no reciben aparatos pasados de moda, por ejemplo: televisores manejados por medio de perillas y máquinas de coser que no sean eléctricas. A su vez, la persona que empeña determinada pertenencia corre el riesgo de perderla o que sea rematada por los dueños del negocio para recuperar el valor del préstamo, si este no es cancelado en el término de 60 días.
Ante esta situación, los capitalinos que después de las fiestas quedaron sin dinero comenzarán a partir de hoy a hacer su desfile por las casas de empeño.