Honduras
La plaza de la aldea de Suyapa se convirtió ayer un espacio de fiesta, devoción, comercio y tradición.
El ingreso al santuario fue difícil pero no imposible, y millones de feligreses se apiñaron para visitar a su santa madre y pagar sus promesas.
Pero ningún visitante se limitó a la hora de estar junto a la Virgen Morena. Unos cargaban sobre sus hombros a sus pequeños hijos, con tal de que estos vieran el rostro de la diminuta imagen.
Otros visitantes entonaban cánticos religiosos y otros no dejaban de encender velas en honor a Madre de Dios.
La alborada en honor a la Morenita se convirtió en una fiesta donde el Santuario resultó pequeño ante la presencia de cientos de visitantes.
Ante la necesidad de llegar hasta el altar mayor y ver aunque sera por un instante a la patrona, muchos feligreses sufrieron desmayos debido a las aglomeraciones.
Las entradas laterales del santuario estaban completamente abarrotadas, tanto así que miembros de los cuerpos de socorro tuvieron que ingeniárselas para ayudar en las labores de rescate.
Desarrollo de la fiesta
Los visitantes participaron en una de las fiestas religiosas más esperadas por las familias hondureñas, y es que el poder de convocatoria de la Morenita es tan grande que atrae a personas de todas las latitudes, sin importar los sacrificios que tienen que pagar para llegar ante su presencia.
En los comercios los visitantes encontraron ricos platillos que eran desgustados en cada uno de los quioscos establecidos en las orillas de la calle principal, de igual manera había gran variedad de juguetes de madera, gorras con figuras de animales y molinos de viento que eran vendidos por los comerciantes apostados en plena vía pública .
En la fiesta en honor a la Patrona de Honduras hubo algunas personas que quisieron aprovecharse de la fe de algunos humildes devotos.
Un grupo de personas fueron sorprendidas con una altar donde cargaban una réplica de la Virgen de Suyapa, queriendo ganar algo de dinero a costillas de la fe.
En un extremo de la urna que cargaban en hombros había una canasta donde la gente debía depositar sus ofrendas.
Las autoridades eclesiásticas informaron horas más tardes que ninguna persona estaba autorizada para hacer este tipo de acciones y fueron requeridos por la policía preventiva.