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Contribuimos a que escolares retornaran a las aulas

La falta de recursos económicos para comprar útiles les robaba el derecho a la educación
18.02.11 - Actualizado: 18.02.11 08:49pm - Karla Gómez: karla.gomez@elheraldo.hn

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Lajas Blancas, Lepaterique, Francisco Morazán,

Honduras

La deserción escolar es latente en los caseríos de la aldea Yerba Buena en el municipio de Lepaterique. De 2,000 niños en edad escolar solo 910 asisten a los centros de estudio.

Más del 50 por ciento de los pequeños que viven sumidos en la pobreza no tienen acceso a la educación por falta de recursos económicos y la lejanía entre sus hogares y los centros de primera enseñanza.

Esta realidad la viven los pequeños del caserío de Lajas Blancas, donde de 85 niños que acudieron a clases el año anterior solo 60 retornaron a los salones en este período académico.

Karina Vásquez, docente de la escuela San José de la Montaña, manifestó que la pobreza es el factor determinante por el que los padres no envían a sus hijos a la escuela y a esto se suman los largos trayectos que deben cruzar los niños para llegar hasta la única escuela del caserío.

"El año pasado contábamos con tres maestras debido al número de niños que teníamos matriculados, pero en este período varios desaparecieron y solo quedamos dos docentes", manifestó con tristeza.

Vásquez imparte primer, segundo y tercer grado de 7:00 de la mañana a 12:00 del mediodía, horario en el que se multiplica para impartir el pan del saber en una improvisada aula dividida en tres, con diferentes pizarrones.

La misma situación vive su colega Lucy Santos, quien se encarga de asistir a los estudiantes de cuarto, quinto y sexto grado, en otro humilde salón.

A pesar de las condiciones antipedagógicas en las que ejercen su profesión, ambas mujeres se esfuerzan por dar lo mejor de sí durante los 200 días de clases.

Esta actitud motiva a sus estudiantes a seguir adelante, puesto que algunos recorren entre dos y tres kilómetros, y salen de madrugada para llegar puntuales a su escuela.

Alegría desbordante

Los encontramos aún en su salón de clases. Cuando los pequeños se enteraron que el motivo de la visita de Soli-Diario de EL HERALDO, del grupo Opsa, era entregarles útiles escolares, los gritos de gozo y esperanza se escucharon en las dos aulas.

Como hormigas salieron corriendo hasta el patio para recibir un kit de cuadernos y material didáctico.

Algunos hasta se colgaron del asta de concreto donde izan la bandera para tener una mejor visibilidad del contenido de las cajas de cartón y bolsas plásticas que venían en el vehículo.

Poco a poco formaron filas para recibir sus útiles y entre risas y gritos observaban los paquetes equipados con colores, sacapuntas, lápices, cuadernos, reglas y borradores que tanto necesitan.

Con preocupación los más pequeños, pensando que no lograrían obtener sus útiles se acercaban tímidamente hasta el automóvil de EL HERALDO a solicitar su paquete.

En sus caritas grises del polvo se dibujaron sonrisas, en señal de sincero agradecimiento.

Gratitud

Cuando todos los niños tuvieron sus respectivos implementos escolares en sus manos se abalanzaron sobre el equipo de La Marathón del Saber a dar las gracias.

"Que Dios se los pague" era la frase más repetida entre los chiquitos que aún no salían de su asombro por la inesperada e inusual visita.

La pequeña Martha Vásquez, de 10 años, alumna del quinto grado, aseguró que estaba muy alegre porque solo tenía un cuaderno para tomar nota de todas las clases.

"Me gustan mis nuevos cuadernos, estoy muy alegre porque ya tengo donde hacer mis tareas", manifestó la niña. Este sentimiento fue generalizado entre todos los estudiantes.

Expedición

Consientes e informados de los altos índices de deserción escolar de la zona, el equipo de Soli-Diario se desplazó por más de 10 kilómetros más adelante del centro educativo para llevar útiles a los niños que habían abandonado sus estudios.

En el trayecto nos encontramos con un grupo de 10 niños recibiendo catecismo en un templo evangélico. Allí encontramos los pequeños, descalzos y con ropas rasgadas, que motivaron nuestro camino.

Cuando les informamos a los niños que llegamos a entregarles útiles dejaron los textos religiosos y se levantaron inmediatamente a recibir sus útiles escolares.

Carlos Cruz, ministro del templo, con los ojos húmedos de la emoción, les expresó a los niños estas palabras: "Niños ya ven como es Dios, estábamos hablando de sus bendiciones y nos envió estos ángeles".

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Los niños levantaron victoriosos y con alegría sus cuadernos para demostrar que todos habían recibido sus kits escolares.
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