Honduras
Sin tener ninguna relación con la problemática del magisterio y el gobierno, los vecinos de las colonias Las Colinas, El Hogar y Tres Camino viven una verdadera pesadilla desde el jueves anterior.
Sus zonas residenciales se han convertido en un campo de batalla, en donde las granadas de gas lacrimógeno, la zozobra y el pánico son sus nuevos vecinos.
Son más de 150 familias las que directamente están pagando las consecuencias de la histórica confrontación entre ambos sectores.
El hecho de vivir entre las sedes de al menos tres colegios magisteriales los ha puesto en medio del fuego cruzado.
Los sucesos que se dieron el viernes anterior, cuando la PolicÃa desalojó a punta de bombas y chorros de agua a los maestros, tuvieron serias repercusiones en muchas de estas familias.
Los efectos del gas lacrimógeno obligaron a todos a encerrarse en sus viviendas. Los negocios cerraron las puertas al público y a pesar de que encendieron los aires acondicionados no pudieron evitar los efecto en sus ojos y vÃas respiratorias.
Según el relato de los habitantes, las bombas caÃan una tras otra encima de los techos, en la calle y hasta en los patios, llenando de gas sus viviendas.
"Fue horrible. Los niños lloraban del ardor en sus ojitos y picazón en el rostro, y nosotros desesperados y ciegos del humo no sabÃamos si salirnos de las casas o encerrarnos", relató "Cecilia", una afectada, sin ocultar el nerviosismo que le provoca el solo recordarlo.
Hubo casos de personas de la tercera edad que necesitaron atención médica porque el gas les provocó un aumento de la presión arterial y hasta sangrado de nariz.
"Mi hermana que es menor que yo, se puso grave, y tuvimos que hospitalizarla. El médico dijo que se le subió la presión a más de 200 a causa del gas. Ella tiene ocho dÃas de incapacidad", relató otra de las afectadas.
Las reacciones ante el uso de bombas lacrimógenas son encontradas. Mientas unos opinan que nada justifica el accionar de las "fieras domesticadas" en las que se convirtieron los policÃas, otros reconocen que los elementos del orden no tuvieron opción ante la enardecida turba.
"Cualquiera que sea la causa, lo malo es la reacción violenta tanto de los maestros que tiraron piedras de manera indiscriminada y de los policÃas con las bombas, pues los que pagamos las consecuencias somos nosotros", dijo otro vecino afectado.
Histeria colectiva
El anuncio de una movilización a nivel nacional de los maestros ha generado una histeria colectiva en los capitalinos que residen en los 300 metros a la redonda del Instituto de Prevención del Magisterio (Inprema).
La mayorÃa de los residentes de las zonas aledañas aseguran que de seguir las acciones se mudarán momentáneamente a las casas de familiares y amigos en otras colonias.
Otros pasarán el dÃa fuera de sus viviendas y regresarán por la tarde, cuando todo haya regresado a la normalidad.
El pánico que sienten por lo que pueda ocurrir hoy y mañana se respira en el ambiente. Todos hablan del asunto como un secreto a voces, pues temen represalias de los maestros y grupos idealistas que protagonizan las protestas.