Honduras
Un domingo al mes, el sutil maquillaje que cubre sus rostros, es sustituido por otro más colorido y, hasta exagerado.
Los jeans, faldas y vestidos que a diario visten, son reemplazados por llamativos y holgados disfraces que ocultan sus delicadas y femeninas figuras. Martha Zúniga, Nicole Umaña y Maura Moncada, integrantes del Ministerio Sonrisas, transforman sus apariencias para luchar por un mismo propósito: llevar alegría y esperanza a los pequeños pacientes de la Sala de Oncología Pediátrica del hospital Escuela.
Llamado de Dios
Desde hace tres años, estas capitalinas, que son miembros de diversas iglesias evangélicas, comenzaron con una noble labor que va más allá de vestirse como payasitas para entretener a los niños que sufren de cáncer.
Todas coinciden en que Dios ha sido su fuente de inspiración y que Él las ha llamado con el objetivo de servir a los angelitos que sufren a consecuencia de los agresivos tratamientos que reciben para combatir la terrible enfermedad que se ha apoderado de sus cuerpos.
"Dios ha sido, es y será nuestro motor, y de su corazón ha nacido la idea de crear este ministerio, que se ha mantenido gracias a su fidelidad", dijo Zúniga, quien se convierte en la payasita Sombrillita para tratar de borrar un poco el sufrimiento y pintar sonrisas en los rostros de estos pequeños.
Ese domingo que mensualmente dedican a estos infantes, se convierte en una jornada de amor, fe, alegría y, sobre todo, de sonrisas, palabra con que la que bautizaron el grupo y que encierra toda la labor que realizan "con todo el corazón", como ellas afirman.
"Hacer sonreír a esas criaturas, que sabemos que están sufriendo, es nuestra meta y a la vez el pago de nuestro trabajo, porque una sonrisa de ellos vale más que todo el dinero de este mundo", dijo Umaña.
Son tres horas en las que los pequeños pacientes, sonríen y se divierten con las dinámicas, canciones y dramas que son preparadas desde una semana antes y que siempre están enfocadas a brindar mensajes positivos que llenen de entusiasmo a los pequeños que sufren y que "esperamos puedan recuperarse pronto, y más si les llevamos un mensaje alentador", manifestó Zúniga.
Los preparativos comienzan una semana antes, en la sede del grupo, el salón de belleza Giovannas, y mientras Umaña se encarga de costear las bolsitas de dulces que repartirán a los niños, Zúniga y Moncada, se alistan para conseguir la comida y los tres termos de café para las 300 tazas que serán repartidas entre los padres, enfermeras y los guardias del hospital.
"No nos limitamos a darles alegría, sino que además les llevamos dulces, ropa, y cuando son ocasiones especiales les llevamos pasteles que nos donan", agregó Umaña. Los padres de los pequeños, se muestran agradecidos con las solidarias mujeres, que una vez al mes llevan alegría y esperanza a sus hijos.
"Siempre nos esperan y nos preguntan cuándo regresaremos, porque nos miran como una fuente de esperanza y de apoyo", dijo sonriente Zúniga.