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Apellidos, animales y árboles en calles del capitalino barrio Morazán

Las 1,200 familias de la zona están orgullosas de llamar sus vías Maraita, Los Perros, Las Flores, Pagoda o Acacias, entre otros nombres. El 60% de su población es de la tercera edad
08.08.11 - Actualizado: 08.08.11 08:34pm - Nolvia Eguigure: nolvia.eguigure@elheraldo.hn

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Tegucigalpa,

Honduras

"Oiga, señor, ¿sabe dónde queda la calle Los Perros?" "Sí, váyase aquí derecho (señala con el dedo) hasta las Flores, pase por La Medina, Las Moras y luego dobla a la calle Sin Sol y ahí cerquita encuentra el lugar".

Esta respuesta de doña María Ramírez, residente desde hace más de 40 años en el barrio Morazán, dejó claro al equipo de EL HERALDO que en esa zona de la capital las calles tienen nombres sui géneris, que no están anotados en ningún libro de historia.

El barrio, que es uno de los más antiguos de Tegucigalpa, nació en 1931, de la mano de Alejandro Sareski, de nacionalidad yugoslava, quien se encargó de urbanizar la zona. En sus inicios estaba formado por 38 diminutas casas de madera y adobe.

Localizado al final del bulevar Suyapa, el barrio Morazán limita al norte con el río Chiquito y al este con la quebrada La Orejona. Está conformado por 10 calles secundarias en las que han establecido sus hogares unas 1,200 familias.

Estos capitalinos, que han vivido toda su vida en la zona, han bautizado las calles con nombres tan extraños como Las Moras, Los perros, Maraitas, Las Acacias, San Martín, Pagoda, Sin Sol, Medina, Los Jucos, Medina y Flores.

Cada nombre tiene su historia, que contada por los mismos vecinos es un retazo de la cotidianidad que rodea a la Tegucigalpa de ayer y de hoy.

Orgullosos de su barrio

Igual que la mayoría de los pobladores del barrio, que llegaron ahí siendo muy jóvenes, doña María Ramírez está orgullosa del lugar donde vive. Los primeros residentes pagaban 8 lempiras mensuales por el alquiler de una vivienda.

"En este lugar pasé mis mejores años de infancia; en este lugar todas las familias nos conocemos; cuando mis antepasados vinieron a Tegucigalpa escogieron esta zona para vivir. Todo era de tierra, mi abuela Altagracia Romero comenzó pagando 8 lempiras por la vivienda donde vivíamos. El nombre de algunas calles está dedicado a las familias que residen aquí", narró emocionada.

Los vecinos conocen la historia palmo a palmo y hacen que propios y visitantes respeten los nombres de las calles. A tal grado que durante la gestión del alcalde Roberto Acosta se intentó cambiar la nomenclatura de la calle Los Perros, pero no lo permitieron.

"Aquí he vivido en este barrio desde que era un niño, mi papá es originario de Nicaragua, nos trajo para acá por céntrico y por la tranquilidad, nos gusta porque el barrio es popular y tranquilo", dijo Gloria Valladares, quien reside en la calle Los Jucos. Aunque su casa se inunda cada invierno, asegura que nadie la va a sacar de allí, a no ser el día que le lleven al cementerio.

Los orígenes

Los pobladores cuentan que la propiedad que Sareski decidió lotificar para iniciar ahí una urbanización era extensa, abarcaba porciones de La Isla y sectores de las colonias Quezada, Alameda, Colinas y El Prado. Según el historiador Juan Manuel Aguilar, los nombres de las calles surgen de la casualidad y de la imaginación de los primeros habitantes del sector.

"La ubicación de cada una de las calles del Morazán fue hecha con sentido de urbanismo comercial en aquellos años. La historia registra que en 1931 Alejandro Sareski, de nacionalidad yugoslava, se dio a la labor de hacer la primera lotificación en este lugar", manifestó el historiador.

Aguilar explicó que bautizar con nombre propios de familias o lugares una calle es un hecho popular que se repite en varios puntos del país.

Los nombres

La historia de las calles es conocida por los vecinos. La calle Flores cuentan que se llama así por doña Elena Flores, una residente de la zona que vendía la popular bebida conocida como chicha, hecha a base de piña. La señora mantenía la bebida en una enorme y aseada olla fuera de su casa y allí hacían fila los compradores.

Los Perros debe su nombre a una supuesta adivina que leía las cartas. Se vestía como gitana y tenía varios perros en su casa que atacaban a los clientes y causaban molestias a los vecinos. Pero otros van más allá y cuentan que había tantos perros en esa calle que los circos que llegaban a la ciudad y se instalaban en La Isla alimentaban a sus leones con estos animales domésticos.

Sin Sol lleva por nombre otra calle y, según los moradores, es porque la altura de las casas impedía el paso de luz a ciertas horas del día.

La historia de la calle Maraita nació cuando varias familias de ese municipio del sur de Francisco Morazán se fueron a vivir a la zona.

También está la Medina, pues era tan grande esa familia que decidieron bautizar la vía con ese apellido y de ahí se amplió a Los Moras, otra familia numerosa del barrio.

Además, hay algunas calles que tienen más de un nombre, como la San Martín de Porres, en principio bautizada así en honor al templo católico localizado en la vía, y que más adelante a causa de una escuela se ha llamado calle Manuel Soto. Los Jucos, que muchos capitalinos consideran un barrio, es una calle aledaña a la quebrada La Orejona, que se inunda cada invierno. Aunque debe su nombre a la falta de agua potable, que provocaba que los niños del lugar siempre estuvieran sucios, muchos la asocian con las inundaciones.

La modernidad

Esta palabra no cabe en el vocabulario de los vecinos del barrio Morazán.

Las autoridades de la Alcaldía han intentado hacer un cambio de rótulos de las estrechas calles y cambiarles el nombre, pero ellos se resisten.

Según Juan Diego Zelaya, vicealcalde capitalino, en la zona residen entre 900 y 1,500 familias, en su mayoría personas de la tercera edad.

"No podemos pasar por alto que el barrio Morazán es uno de los mas emblemáticos de nuestra ciudad, el 60 por cierto de los residentes son personas de la tercera edad que han formado ahí sus familias", expresó Zelaya.

Mantener en pie sus estrechas viviendas y aún con los detalles de adobe, piedra, madera y techo entejado de hace 40 años, donde se comparten historias y anécdotas, no ha sido fácil para los pobladores.

Para ellos el nombre de sus calles es el legado que le van a dejar a sus hijos.

En cada calle y su peculiar nombre está plasmada la historia de estos capitalinos, la mayoría llegados de tierra adentro que con tenacidad y trabajo cimentaron familias unidas que son el orgullo de la zona.

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