Honduras
Reina González se lamenta que este año no podrá visitar la tumba donde reposan los restos de su madre. Con todo el dolor que la embarga, asegura que este año no irá coronar a su pariente. "Me conformaré únicamente con mandarle a oficiar una misa y hacerle unas oraciones, el año pasado me asaltaron en el cementerio, los ladrones ni la casa de los difuntos respetan", manifestó.
El próximo 1 y 2 de noviembre, los capitalinos honrarán la memoria de sus fieles difuntos en medio de las condiciones deplorables en que se encuentran las tumbas donde duermen el sueño eterno.
Desde hace años estas moradas se han visto sometidas a la delincuencia y a la vulnerabilidad causada por fallas geológicas que se activan con las lluvias.
El 80 por ciento de los cementerios públicos de la ciudad se encuentran en estado deplorable.
Abandono y desidia
Pero lo más lamentable es el abandono y olvido en el que familiares han dejado cientos de tumbas, donde apenas puede encontrarse una cruz destruida o una placa con información borrosa.
Esta es una realidad en el Cementerio General, donde cientos de sepulcros han quedado en el más completo abandono, saqueados, manchados y deteriorados.
Construido en 1877 durante la administración del expresidente Marco Aurelio Soto, el camposanto se ubica en una zona conocida ahora como El Chiverito en Comayagüela.
"Aquà son cientos de tumbas las que han quedado abandonadas, unas porque los familiares solo vinieron a enterrarlos y se olvidaron, otros se fueron del paÃs y no volvieron jamás", expresó Francisco Urmeneta, administrador del camposanto, mientras mostraba el nicho de un expresidente que está en condiciones deplorables.
Tumbas donde solo quedan los huecos que han sido objeto de saqueos y donde antisociales hasta han utilizado los restos para ritos satánicos y hechicerÃa forman parte del panorama.
Para controlar este problema Urmeneta recomienda a las autoridades analizar la ordenanza municipal que iba a poner en práctica el fallecido alcalde César Castellanos.
Esta consistÃa en dar un plazo de 60 dÃas a los familiares que tuvieran deudos en el Cementerio General para que comparecieran, de lo contrario ceder los espacios en abandono.
Fundado en 1860, el Sipile es otro de los panteones donde en medio de un caos de tumbas destruidas y cruces sin nombre descansan miles de capitalinos.
El desastre en el que se ha convertido el camposanto, denominado de "los pobres", aumentó el año pasado cuando una falla geológica que afectó a la colonia Obrera causó severos daños y destruyó varias tumbas.
"Los muertos casi se salieron. Fue horrible, uno aquà como familiar trató de arreglar lo que se pudo", narró una capitalina residente en la zona, a quien llamaremos "Nancy", para proteger su identidad.
De estas condiciones no se escapan los campo santos privados. Jardines de Paz Suyapa y Santa Anita también enfrentan el peso del deterioro; en el primero, parte del muro perimetral está dañado y el segundo se inunda con las lluvias.
A estos se suma el panteón de Suyapa, donde decenas de almas están casi en la calle, pues el muro perimetral está dañado en varias partes.
A recuperar la historia
Pero el ejemplo más claro de abandono es sin duda el Cementerio General.
Este campo santo no solo ha sido durante casi dos siglos el espacio de descanso de más de un millón de capitalinos, sino que forma parte de la historia de la ciudad.
Hace más de un año tres regidores de la actual Corporación Municipal, Douglas Ortega, Eliseo Castro y Julio Salgado, presentaron un proyecto de recuperación del Cementerio General.
Este consistÃa en la restauración de la capilla y la construcción de una posta policial con el fin de brindar seguridad a los familiares que visitan a sus deudos.
Según el regidor Eliseo Castro, hasta el momento se ha logrado la etapa de socialización y acercamiento con familiares para iniciar con la recuperación de tumbas.
Según estudios, la obra se puede desarrollar con una inversión de 20 millones de lempiras y actualmente se busca apoyo del gobierno y de organismos internacionales para lograrla. Asimismo, recientemente se logró la recuperación de 19 metros del muro perimetral y la construcción de cunetas, que es apenas el primer paso para no dejar morir la historia que encierra el campo santo.