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Walter Krochmal, un hondureño en Cannes

El actor de origen hondureño estuvo como invitado en el Festival de Cannes
18.06.09 - Actualizado: 19.06.09 05:25pm - Tania Lozano: Tania.lozano@laprenda.hn

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Tegucigalpa,

Honduras

Alguien por ahí inmortalizó la frase “el que persevera, alcanza”, y vaya si esto es cierto, tanto que en la vida de muchos la expresión se ha convertido en la clave de su éxito.

Por lo menos así es para Walter Krochmal, un actor hondureño que reside desde hace 30 años en Estados Unidos, pero que, pese al paso del tiempo, sigue aferrado a sus raíces catrachas.

Recientemente estuvo en el festival de Cannes y, gracias a ese viaje, su nombre comenzó a sonar en cada rincón de Honduras, cobrando mayor beligerancia en este país que lo vio crecer.

Comencé a investigar sobre su vida y sus orígenes y rápidamente encontré su website en Internet, ahí pude corroborar que se trata de una personalidad hondureña muy importante, cuyo nombre, talento y trayectoria debían de ser exaltados y difundidos.

Contactarlo fue más fácil de lo que creí, pero concertar una entrevista con él no lo fue tanto. Su apretada agenda y su viaje a Cannes lo tenían bastante ocupado.

Sin embargo, tratándose de Honduras, como él mismo nos dijo, hizo un tiempo no solo para contarnos su historia en exclusiva, sino también para hacerse una sesión fotográfica con el también compatriota Max Flores.

Fueron dos horas de conversación que me permitieron saber que detrás de este personaje se esconde un verdadero corazón catracho y, si tuviera que describirlo, diría que Walter Krochmal es un hombre con visión, organizado, luchador, soñador y un tanto empecinado.

Él es el reflejo del patriotismo hondureño. Una persona que, aún viviendo lejos de su país, no ha perdido su identidad catracha, al contrario, ha procurado cultivarla.

Debo confesar que al oírlo hablar me asombré de su español tan claro, no pude contenerme y, luego de un breve saludo, pregunté:

¿Cómo ha logrado mantener su español en un país donde prevalece el inglés?

“Porque el idioma español, el idioma de Cervantes, ha sido mi salvación en esta ciudad.

Yo me he desenvuelto y como dicen ‘me he defendido como gato panza arriba’ gracias a mis habilidades lingüísticas de traductor, intérprete, traduciendo cualquier cantidad de textos, obras de teatro, ensayos, produciendo para radio y haciendo cualquier cantidad de actividades relacionadas con el idioma y la locución. Haciendo teatro en español, como los clásicos Lope de Vega, Lorca y Tirzo de Molina.

El español ha sido mi pan de todos los días y lo cultivo y lo estudio, es una lengua bella y muy expresiva y con ella me he defendido.

Porque en los últimos 10 años el español se ha impuesto en el mercado americano.

¿Desde cuánto vive en Estados Unidos?

Yo me vine de Tegucigalpa graduado de la Escuela Americana en el 1978, me fui a Boston a estudiar con una beca a la Universidad de Brandeis. Pasé 5 años ahí; me gradué a los 3 años de la carrera de teatro, y en los 2 años siguientes me dediqué a sacar mi maestría.

¿Qué edad tenía cuando usted cuando se fue de Honduras?

18 años

¿Ha regresado desde ese entonces al país?

Claro, siempre he hecho viajes a Honduras -mi mamá hasta hace poco vivía en Tegucigalpa-, al paso de los años ya no viajaba tan frecuentemente como hubiera querido, pero ahora lo hecho de menos, siempre en son de descubrir el país.

Siempre buscando un lugar a donde ir que no haya conocido antes. Explorando la belleza de Honduras y visitando a mi familia, que es de San Francisco de Ojuera, Santa Bárbara.

¿Usted vivió en San Francisco de Ojuera?

No, tuve el placer de conocer esa comunidad hasta el año pasado que viaje a Honduras.

¿Cuál es el lugar de Honduras que más le gusta?

Es que todavía no he llegado a esos lugares mágicos. Honduras es bella pero todavía no he llegado a los lugares verdaderamente mágicos del país, pero Occidente siempre me ha encantado.

Siempre ha habido algo de interés, desde los 13 años cuando yo solía viajar con misioneros como intérprete y en algún momento de evangelista también, porque por ahí anduve con los bautistas.

Me iba a Yuscarán, a Oropolí, a San Marcos de Colón, había que ir en camión, en bestia y caminando, aquellas eran unas aventuras inolvidables, comiendo tortillas por el camino. Pero quizás el lugar más bello que he visto es el que ya no existe, que se lo llevó el Mitch, es el pueblo de Orica, era un paradero verdaderamente paradisíaco, bello, como el principio de la creación.

¿Tiene contacto con su familia de Honduras?

Tengo algún contacto, de hecho estoy tratando de hacer contacto, pero a lo mejor tendré que llamar a una prima en Filadelfia. De hecho soy familia de Carlos Reyes, el sindicalista.

Con tantos años de haberse ido, ¿aún hay cosas que extraña de Honduras?

Muchas cosas, la verdad: su riqueza cultural y étnica y, por supuesto, lo básico que es la comida. La cultura humana de Honduras a mí siempre me da algo, el ingenio y la creatividad de los hondureños me asombra y lo extraño.

Usted ha trabajado como intérprete con CBS, HBO, ABC y CNN, entre otros medios, ¿cómo llega a fichar para estas cadenas tan grandes?

A través de recomendaciones, la gente solidaria que me ha reconocido mis capacidades.

Una colega actriz venezolana que me ha ayudado mucho es Sonia Verah. Algunas de estas fueron oportunidades que me fueron presentadas y en otras instancias que yo busqué.

Pero todo esto comenzó en 2000, no recuerdo cómo fue, pero en ese año había un programa que se llamaba World News Tonight con Peter Jennings, este programa fue el primero en realizar una transmisión simultánea en español, en cadena nacional en Estados Unidos. Entonces el programa contrató a un grupo de nosotros que hemos sido actores para hacer las traducciones.

¿Usted ha traducido discursos de varias personalidades?

Bueno, acabamos de hacer todo el programa e incluso el discurso que dio Barack Obama en su concierto pre toma de mando.

Lo hizo HBO y yo fui una de las personas involucradas en la traducción y la narración de diferentes voces que aparecieron a lo largo del evento y en vivo.

En 1997, en Honduras estuve trabajando con la comunidad garífuna y le hice de interprete al señor ministro de San Vicente, James Mitchel. A nivel local he estado haciendo los discursos de George Bush, en los debates presidenciales hice la interpretación de John McCain, así como traducciones al español de discursos del Papa, entre otros.

¿Ha tenido la oportunidad de conocer algunas de esas personas?

No, yo siempre estoy en una cabina con un televisor, unos audífonos, controles independientes para modular mi voz y la de quien habla, para dar una interpretación simultánea. Ellos están donde están y yo estoy donde estoy.

Con tanta experiencia en medios de comunicación, ¿ha desarrollado estudios en esta área?

Empírico, a mí me dieron entrenamiento de media hora para la producción radial. Me dediqué 4 años a hacer radio y a jugar con el medio y conjugando mis experiencias actorales con el hecho que tengo una buena comunicación con la tecnología.

Y en su carrera como actor, ¿en cuántas obras de teatro ha participado?

No sé, podrían ser 60, 70 u 80. En realidad he hecho tantas cosas y en modalidades tan diferentes que sería difícil hacer un cómputo.

¿Y en cine?

Comencé haciendo producciones estudiantiles, porque pagué mis “derechos de piso” haciendo películas estudiantiles. Pero a la fecha he hecho entre 20 y 25 películas independientes, cortometrajes y narraciones.

¿Desde cuándo decidió enfocarse totalmente en el cine?

Como cualquier artista, me preocupo tanto por el legado como por la permanencia de mi trabajo, y el teatro es efímero. El costo de la vida y la desvalorización del medio en el caso mío me llevaron a hacer un inventario propio y a buscar un cambio en el rumbo de mi vida como artista. El teatro en esta sociedad está quedando desfasado.

Si tuviera que valorar cuál es el trabajo que más disfruta, entre locutor, actor e intérprete, ¿cual elegiría?

Todo lo que hago lo adoro.

¿Es tan difícil entrar al cine?

Es que yo tengo una perspectiva bastante singular. En cine hay muchos estratos, está el comercial, yo supongo que ahí será difícil entrar.

Lo que sí sé y en lo que sí creo es en la idea de que no voy a sentarme a esperar a que me acepten en una audición, yo no voy a buscar a nadie que valide mi carrera, voy a buscar oportunidades por ahí, me las voy a inventar, voy a valerme de la red humana, vamos a ver qué resulta.

Estoy viviendo en Nueva York y desde los años 50 se ha convertido en una ciudad de cine independiente. Con la miniaturización de la tecnología, con la proyección por el ciberespacio de las comunidades y con las amistades que uno tiene, hacemos cine aquí.

Puede ser que algún día llegue al cine comercial o no, la verdad no lo sé, pero yo apunto en primer lugar a hacer un trabajo singularmente bueno, sacándole provecho a mi idiosincrasia. Yo fundo mi carrera en calidad y voy buscando la manera en la que puedan gestionarse proyectos.

¿Anhela entrar a la industria del cine comercial, como es Hollywood?

Pues de repente, uno no puede decir no o sí. Uno evoluciona, uno cambia y de repente yo no descarto la posibilidad porque he sido un ser receptivo toda la vida.

¿Y qué hay de la película que lo llevó a Cannes?

Es una fábula, con elementos del realismo mágico, una parábola, y es una readaptación del tema plasmado por Frank Kafka en la novela “Metamorfosis”.

Este es cuento de un hombre que despierta un día convertido en insecto y, como a partir de esa transformación en algo tan grotesco, va quedando marginado por la sociedad.

Es una versión contemporánea de esa historia, solo que esta tiene su origen en la zona central de Estados Unidos. Es la misma historia, yo soy el que narra y el que hace el papel de un sacerdote. Esta cinta es fruto de una colaboración que vengo realizando con la señorita Susanne Sitleman.

Hemos hecho 2 ó 3 películas y descubierto que la mujer tiene unas agallas, un arranque que ha terminado con este viaje repentino e inesperado a Cannes. Al parecer, la cinta gustó mucho en Francia y ya hay un comprador que adquirió los derechos.

Es un cortometraje que llegó al festival de cortometrajes asociado al Festival de Cannes. Fue exhibido en un mercado, al aire libre. Es una maravilla si uno no es tímido.

La idea de convocar a los actores a Cannes era para que se presentaran en el mercado y llevaran espectadores a la sala para que vieran el cortometraje. Fue algo muy alegre. Tuve la oportunidad de conocer gente muy linda y de encontrarme con personas de Nueva York. El viajar a Cannes fue una clara señal que me indicó que debo seguir “tirando por este lado (el cine)”.

¿Cuál fue su experiencia en el festival?

Fue una experiencia vertiginosa, dramática para mí, unas cosas que me pasaron de farsa, increíble. Pero en general fue una experiencia inolvidable, por muchas razones, una sorpresa bella, llegar hasta allá es una prueba de carácter.

Un ambiente increíble, todos quieren hablar con todos, porque nunca se sabe quién puede ser esa persona. Una anécdota fue ver la premier de “Abrazos rotos” de Almodóvar en un contexto donde la gente se estaba peleando por entrar. Había gente local que no tenía acreditaciones y todos estaban aglomeradas frente al teatro con rótulos, buscando su entrada.

¿Conoció a directores o personalidades reconocidas?

Yo no soy tímido y andaba preparado para repartir tarjetas a diestra y siniestra. Hice muchas amistades con escritores, realizadores, que es para mí la relación fundamental del cine y del teatro, gente muy interesante. La experiencia fue totalmente productiva, conocí gente maravillosa.

¿Cuánto tiempo estuvo en Cannes?

Me fui el 13 de mayo y regrese el 25 de mayo.

¿Este viaje cambió en algo su manera de ver la vida y su carrera?

No, mis sueños siempre tienen la misma magnitud: “lo imposible”. Soñar con ese tipo de cosas “inalcanzables” no va a cambiar ni ahora ni nunca, simplemente veo que se acortaron las distancias, si soy astuto tengo que aprovecharlas. Se están abriendo puertas más grandes.

¿Actualmente en qué proyectos está trabajando?

En este momento estoy atando todos los cabos sueltos que dejé cuando salí de mi casa, estoy entregando los trabajos que tenía pendiente, estoy organizándome, estoy en una etapa de reclusión para organizarme.

Tengo proyectos que escribir y que completar. Tengo que darle un acabado a mi website y voy a empezar con algo que es muy emocionante: organizar el primer festival de los cortometrajes, haciendo exhibiciones individuales entre amistades, haciendo contacto con los realizadores que conocí para que me envíen copias de sus películas, para que gente que tenga posibilidades de comprar o distribuir esos cortos puedan verlos.

Ahora mismo estoy en la fase embriónica, trabajando con una amiga que es documentalista.

Cuando comenzó, ¿usted imaginaba alcanzar todo lo que hasta este momento ha logrado?

Yo simplemente he conocido el trabajo aplicado, he sido un hombre inquieto, siempre he aprovechado mis horas, siempre fui curioso. Me gusta ver la profundidad del asunto.

Desde que comencé me dije: “Yo quiero ser independiente”, no tengo temperamento para trabajar de 9:00 de la mañana a 5:00 de la tarde. En mis inicios yo tuve que ver cómo me defendía económicamente y tengo una experiencia que contar. Yo respeto a la gente que trabaja de mesero, ese que sabe servir. Cuando era joven trabajé en 3 restaurantes de los cuales me expulsaron por incompetente.

Sin embargo, yo no visualicé nada, simplemente me agarré de donde pude para defenderme en algún momento. He sufrido cualquier cantidad de cosas en esta ciudad. Lo mío es un glamour que ve ahora, pero que está bien ganado. Esto ha costado. Soy un hombre que trabaja 18 ó 20 horas.

En este punto de su vida, ¿qué sueño cree que le hace falta por cumplir?

Veinte mil, es decir, ¿qué rincón del mundo no quiero conocer? ¿Qué experiencia no quiero tener? ¿Qué proyecto no quiero ver producido? Proyectos de cine o de audio, de literatura, viajes, entre tantas cosas.

Usted ha estado trabajando con la comunidad hondureña en Nueva York, quiero conocer un poco más de esa faceta suya.

Cuando llegué a Nueva York de jovencito iba buscando mi comunidad.

Durante 10 años trabajé haciendo la obra “Timoteo se divierte”, es una obra de teatro hondureña del poeta Daniel Laínez.

Hice esa obra durante 10 años junto a la actriz peruana Teresa Allende, con la asociación cultural hondureño-americana que en aquella época presidía Antonieta Máximo. Hice promoción del ballet folclórico garífuna y su primer viaje a Nueva York.

Aquello fue perdiendo vida, quizás por la renuencia de los hondureños a crear instituciones fuertes. Luego de un par de años me llamaron para que ocupará el cargo de director ejecutivo de la asociación de Organizaciones Hondureñas en Nueva York.

Eso fue en 1994, yo tomé el puesto. Lo primero que hice colaborar en la construcción un monumento a las víctimas de la tragedia en Happy Land. Estuve ahí 18 meses en los que desarrollé proyectos que beneficiaron mucho a la comunidad.

¿No ha pensado en retomar ese papel tan activo con la comunidad hondureña?

Lo voy hacer por la nación entera y lo quisiera hacer en un formato de máxima permanencia. Pero regresar a estar atado a una oficina, eso sí sería bien difícil.

Supongo que está enterado de la situación socioeconómica que atraviesa el país actualmente, ¿cómo visualiza a Honduras en un futuro cercano?

Es una tragedia que cuando me acerco me da tristeza, me da rabia, me frustra; como cualquier hondureño tengo idéntica reacción ante la tragedia que vive el pueblo teniendo tanta riqueza bajo sus pies.

Yo creo que el país se ha resignado a un papel de subyugado y el asunto de la falta de identidad y el aislamiento mata las posibilidades de salir adelante.

El hecho de que no hemos sido competitivos, que no se tiene confianza en lo propio, la inseguridad, es frustrante. Y ahora estamos llegando a un momento crítico en el que se define un futuro siniestro o un futuro prometedor.

Pero es hora de ver esa encrucijada y de ver otras modalidades de abordar los problemas; si lo que se ha probado no ha funcionado, es hora de escarbar un poco más profundo.

¿Un mensaje para los hondureños?

Lo que sí quiero transmitir a todos es que la clave del desarrollo para un país como el nuestro es la identidad, la cultura material, la singularidad, el conjunto de virtudes y de etnias, esos son los verdaderos tesoros que no hay que dejarlos ir, hay que saberlos presentar.

Es importante explorar la identidad, con eso tendremos grandes posibilidades de desarrollo.

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