Honduras
James Cameron gritó frente a millones de telespectadores: "¡Yo soy el rey del mundo!", cuando en la ceremonia de los Oscar de 1998 su película Titanic cosechó once premios de la Academia.
Estaba copiando al protagonista de su propia película, para expresar el júbilo que le inundaba por ser reconocido el número uno de Hollywood.
Era una comparación muy acertada, además, considerando que la industria del cine es una de las más fuertes en los Estados Unidos y un símbolo inconfundible de su hegemonía en el mundo globalizado. Con un presupuesto de 200 millones, Titanic recaudó una cifra récord de 900 millones en ventas internacionales.
No estaba equivocado Cameron al sentirse como un jerarca. Curiosamente, su nueva película Avatar, por la que ha conseguido nueve nominaciones este año, tiene un discurso con visajes antiimperialistas.
Su historia expone a una nación poderosa invadiendo a una más débil, para explotar sus recursos naturales.
Los voraces invasores son perfilados como los tradicionales "malos de la película", mientras que Jake, el soldado que toma conciencia y dirige la rebelión del pueblo navi, es presentado como el héroe.
Esta trama ha despertado una polémica en la que se establecen comparaciones inevitables con el mundo real en el que abundan los ejemplos de intervenciones militares cuyo verdadero propósito es el de controlar las riquezas del planeta.
Pandora, con sus maravillosos seres azules y sus islas flotantes, es un mundo imaginado por el talento de hábiles artistas. Pero el coronel Quaritch no representa a un ejército imaginario, él es un soldado del ejército de los Estados Unidos, "Aquí ya no están en Kansas" le dice a los marines que lo acompañan en su misión.
En eso, Cameron hizo una alusión directa y sin tapujos.
En varias entrevistas, el director se ha declarado como artista antibélico y un militante ecologista, y con su película pretende hacer un llamado de alerta.
En cambio, "En tierra hostil" (The Hurt Locker) la más fuerte competidora de "Avatar" con nueve nominaciones también, no levanta banderas de paz.
Su protagonista, William James, es otro soldado que participa en un escenario de guerra real: Irak. Mientras que en Avatar los motivos de la invasión son claramente explicados en su contexto, en el caso de "En tierra hostil" su directora Kathryn Bigelow se enfoca en la aventura de un experto en desarmar explosivos que no se compenetra con los locales del lugar y solo desarrolla su misión.
En general, los iraquíes son presentados como extraños en un paisaje desolado, en el que cada uno de ellos puede ser un potencial enemigo. James hace amistad con un niño árabe, cierto.
Pero, ¿a dónde conduce esa amistad? En Pandora, Jake se enamora de una navi y ese amor le da fuerza a su deseo de cambiar las cosas. Entretanto, en Bagdad, el niño tan solo es un pretexto para desarrollar una obscena secuencia gráfica de sangre y vísceras.
No habrá cruda realidad que haga despertar al soldado James, él se aburrirá en la tranquilidad de su hogar en Norteamérica, dejará a su esposa e hijo y volverá a la guerra para disfrutar del placer que le produce la adrenalina.
Es este un personaje digno de ser mostrado como un héroe, que majestuosamente camina luciendo su traje antibombas al ritmo de una contagiosa pieza de rock.
Aunque hagan referencia a situaciones reales, ambas películas son fantasías cinematográficas que distan mucho de la realidad. Los acontecimientos verdaderos de este siglo, demuestran que las aventuras imperialistas de los marines han sido devastadoras.
El documental "Sin final a la vista" de Charles Ferguson, nominado por la Academia el año pasado, aporta los datos reales: la guerra en Irak significa un costo de 1,860 trillones de dólares para los Estados Unidos, que han sido utilizados para alcanzar un control absoluto de la nación árabe y sus recursos, a costa de innumerables vidas.
"En tierra hostil" presenta al sargento James como superhéroe que oportunamente desactiva una bomba frente al edificio de Naciones Unidas salvando la vida de los que lo ocupan.
El mismo documental de Ferguson, presenta otra realidad, la de los hechos: el 19 de agosto de 2003, una bomba masiva destruyó el edificio de Naciones Unidas matando a 22 personas, entre las que estaba el jefe de la misión en Irak, Sergio Vieira de Mello. Pero no todas las visiones son distorsionadas.
Entre las cintas nominadas está una que desafía los paradigmas convencionales e intenta hacer un retrato realista de la comunidad afroamericana de Harlem en Nueva York. "Precious, basada en la novela Push de Saphire", es la historia de una joven que ha sido violada por su padre y abusada por su madre.
Claireece "Precious" Jones tiene 16 años y está embarazada de su segundo hijo. Al ser trasladada a una escuela especial, Claireece decide romper el silencio y cuenta su trágica vida a su maestra, quien le ayuda a superar sus traumas y desarrollar autoconfianza.
El filme "Precious" no es un documental que aporte datos o análisis precisos, pero es una propuesta artística valiente porque muestra a personajes que no han sido retocados para que brillen en escena. Mary, la madre de Claireece, es un personaje grotesco, que maltrata vilmente a su hija, pero ¿acaso no hay madres como ella en el mundo real? No son criminales que actúan fríamente, en el caso de Mary, es una afroamericana víctima de la marginación, la pobreza y la degradación que sufrió el Harlem atestado de drogas en los años ochenta.
Este personaje es interpretado por Mo’Nique, quien ha sido nominada al Oscar a Mejor actriz de reparto muy merecidamente, y sin duda se va a llevar el premio.
"Precious" es mi favorita, de las 10 películas nominadas.
Es una producción independiente, sin pretensiones comerciales que la comprometan a hacer concesiones y con una historia muy humana que destaca valores como la solidaridad, la tolerancia y el coraje. Obtuvo el Gran Premio del Jurado en el Festival de Sundance y muchos otros certámenes. Pero los pronósticos aseguran con lógica, que no va a ganar en los Oscar.
Una vida en el séptimo arte
Hispano Durón es cineasta y actualmente realiza estudios de doctorado en cine en la Universidad de Kansas.
Graduado en la especialidad de dirección en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, Cuba, en 1990. Guionista y director de más de 20 documentales en Cuba, Honduras y Estados Unidos, cinco cortometrajes de ficción y un largometraje, entre los que se destacan "Anita, la cazadora de insectos" (largometraje de ficción, 2001), "Hacia el cambio de actitud" (corto documental, 1998), "El zompopo, trabajador incansable" (corto documental, 1997), "Alto riesgo" (mediometraje documental, 1996) y "El irredimible negocio de soñar (corto de ficción, 1989), entre otros.