Honduras
La gastronomía hondureña es bastante variada ya que contiene elementos prehispánicos, españoles, criollos y en alguna medida africanos, como es palpable en la costa atlántica y en los territorios insulares.
Comparte similitudes fuertes con la gastronomía guatemalteca y salvadoreña, particularmente con la última por poseer las mismas raíces indígenas lencas.
Indudablemente, Mesoamérica como zona cultural compartió comercio y costumbres culinarias que se han mantenido hasta nuestros tiempos, especialmente en los pueblos pequeños.
Pero las costumbres han cambiado dramáticamente con la migración y la llegada de las comidas rápidas. Un proceso aparentemente irreversible.
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Mientras recorría las montañas de occidente la semana pasada, no pude menos que dedicar una parte de mi tiempo a escudriñar las cocinas que ofrece la zona.
Debo admitir que con los años el buen comer se ha vuelto una obligación y la curiosidad culinaria se ha apoderado de una parte importante de mis sentidos (al fin y al cabo, comer es un placer sensual sin lugar a dudas).
Así que mientras estaba en Copán Ruinas platicando con Darío Domínguez, administrador del hotel Posada Real de Copán, no pude menos que caer vencido a la tentación de fotografiar (¡y saborear!) algunos de los platillos típicos que ellos preparan cada semana (y cuando digo "platillos típicos" realmente quiero decir eso, no el gastado plato de carne asada, frijoles, queso, mantequilla, etc., etc., etc. al que seguimos llamando "plato típico")
Registrar con la cámara las delicias que me presentaron fue toda una experiencia. Más allá de cualquier manejo estético de la luz o del ángulo seleccionado, el verdadero deleite radica en reconocer las cualidades de cada platillo.
Mientras unos destacan por sus colores, otros resaltan por su textura. Pero todos tienen un antecedente histórico que nunca se menciona y que es en realidad lo que hace valorarlos más allá de la digestión.
Por ejemplo, la palabra tamal proviene del náhuatl "tamalli", que significa "envuelto"; esto bocadillos fueron descritos por Fray Bernardino de Sahagún, entre otros, en su "Historia general de las cosas de Nueva España" a principios del siglo XVI. ¿Qué sabemos del gallo en chicha o del tapado olanchano? Bien valdría la pena investigar un poco al respecto…
La comida hondureña es muchísimo más que lo que siempre comemos a diario, en particular en las ciudades grandes. Siempre me he quejado de que nuestra cena es igual que nuestro desayuno: huevo, frijoles, mantequilla, queso, plátano frito, tortillas y café. ¿No les aburre comer siempre lo mismo? Y no se trata de una cuestión de dinero, sino de aprender a comer.
Porque básicamente al hondureño urbano no le gustan las verduras ni las frutas; ni el conejo ni la codorniz (y esos abundan en todo el país y son más baratos que el cerdo). Y si es res el tema, no nos comemos la cabeza ni la cola, como en otros países latinoamericanos suelen hacer.
Así que es tiempo de volver los ojos al campo, al pueblo de donde salimos, y rescatar aquellos bocadillos originales que hemos olvidado y cambiado por combos rápidos de doble chatarra (¡y que además engordan!). Y si puede, váyase a Copán Ruinas y coma en el Posada Real de Copán.
Le va a encantar.