Honduras
Cuando uno visita México DF es un placer recorrer a pie trechos de la Avenida Reforma, caminar por Polanco o detenerse en la plaza central de Coyoacán, tan solo para ver y sentir el latido de la ciudad. O como ir a Washington DC y hacer la ruta de los grandes museos a través del Mall, la extensa calzada que nos muestra lo mejor de la capital estadounidense.
Caminar es un placer, especialmente cuando se viaja ligero de preocupaciones y con los ojos abiertos. Y aunque Tegucigalpa no tiene las dimensiones de esas grandes ciudades americanas, es importante reconocer que también tiene lo suyo.
Todos los días camino por la avenida Los Próceres. De mañana, al mediodía y al caer la tarde.
Y de vez en cuando trato de contar (para siempre equivocarme) los bustos de los grandes personajes de la historia continental.
También trato de contar los pasos que lleva recorrerla o distinguir las especies de árboles que le dan ese aire tan particular y agradable.
Y aunque nunca lo he logrado, esta semana decidí acompañarme de la cámara para tratar de registrar esa personalidad; ese encanto que posee.
Siete son las cuadras que la conforman (umm… otra vez la duda de los números); una prolongación de avenida La Paz.
Inicia una cuadra antes del redondel donde Simón Bolívar nos arenga para mantenernos atentos a una sola idea, y termina, aparentemente, con la imagen en bronce de don Eugenio Espejo, prócer ecuatoriano de la independencia; allá frente al supermercado La Colonia.
El maestro Noé Portillo, miembro de la Academia de Geografía e Historia, publicó muy recientemente en un diario de la localidad el interés que ha tomado la institución por los bustos que adornan la avenida.
Gracias a él aprendí que se han colocado 17 placas, de las cuales ocho han desaparecido. Obviamente, sin su respectiva placa, es muy difícil para los transeúntes y escolares reconocer a los ilustres prohombres americanos.
De acuerdo al profesor Portillo, carecen de placa las esculturas de George Washington, Bernardo O’Higgins, Antonio José de Sucre, Cleto Gonzales Víquez, José de San Martín, Juan Pablo Duarte, Justo Rufino Barrios y Andrés Bello.
Los que sí tienen son: Simón Bolívar, Miguel Hidalgo y Costilla, José María Morelos, Benito Juárez, Francisco de Paula Santander, Joaquín José da Silva Xavier (Tiradentes), Manuel José Arce y José Martí.
Yo conté 20 bustos y un pedestal vacío. De todo ellos, solo seis tienen placa. Espero que desde el momento que escribió el maestro Portillo a la fecha se hayan iniciado (o continuado) los trabajos de revocamiento de la avenida.
Curiosamente, la avenida no guarda ningún busto dedicado a nuestros próceres nacionales.
Es posible que exista alguna ordenanza municipal que determine el uso de los camellones de la avenida para la exaltación de las grandes figuras americanas, como una especie de homenaje a nuestros vecinos y amigos continentales.
Eso quedará pendiente de averiguar, así como quién diseñó esta hermosa avenida, orgullo de la capital.
Y este último punto me trae a la memoria una nota que escribí, tal vez un par de años atrás, sobre el monumento El Obelisco. En esa fecha no pude encontrar muchos datos sobre su construcción y lo comenté.
Bien, investigando para esta edición, descubrí que el Obelisco fue construido por el presidente general Rafael López Gutiérrez en 1921.
El monumento se edificó para celebrar el primer centenario de la independencia nacional y se le puso una base de forma pentagonal para poder colocar los escudos de las cinco naciones centroamericanas. Una duda resuelta y una avenida recorrida a cabalidad.