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Cuero y Salado

Mochila, binoculares, un tren y el deseo de vivir la aventura máxima. ¡Una experiencia salvaje!
16.01.09 - Actualizado: 16.01.09 04:40pm - Arturo Sosa : arturo.sosa@laprensa.hn

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Atlántida,

Honduras

Desde el inicio, Cuero y Salado es la aventura total. Poco antes de llegar a La Ceiba, uno debe de tomar la calle de tierra que conduce a la aldea de La Unión.

Pocos kilómetros adelante está la estación del tren que transporta a los viajeros a la Barra de Salado, punto de entrada formal al área protegida.

El tren (en realidad, un motocarro de lo más folclórico) puede transportar unas treinta personas, aproximadamente, cómodamente sentadas.

A lo largo de media hora, nos conduce a través de nueve kilómetros de sabanas costeras; hábitat de numerosas especies de aves.

Gavilanes y garzas se ven fácilmente y el paisaje se torna de un verde prometedor; sabemos ya que más adelante una jungla tropical nos espera.

Salado es una pequeña aldea con cerca de unos doscientos habitantes, dedicados la mayor parte de ellos a la pesca artesanal.

La aldea comienza su vida muy temprano, cuando los hombres y jovencitos preparan los aparejos y toman el camino al mar; otros hacia los canales de mangle.

Quedan en casa las mujeres y otros pocos hombres dedicados a la recolecta de cocos verdes, (recuerdos de una mejor época, cuando la zona era una enorme plantación de cocos, propiedad de la Standard).

Cada semana, entre dos y tres mil cocos salen de la aldea hacia Ceiba, para convertirse en agua de coco embotellada.

Tras el pago de la lancha y la entrada al refugio, guías naturalistas especializados, nos llevarán en seguras embarcaciones por los anchos (y de repente angostos) esteros.

Si comienza temprano, podrá ver cocodrilos y caimanes deslizándose sutilmente por entre las aguas, en busca del desayuno.

Las aguas son oscuras, producto de la enorme sedimentación orgánica del bosque de mangle y lo que viene arrastrado por las corrientes, desde la cordillera de Nombre de Dios.

No se asuste; no son aguas contaminadas y aunque son poco profundas, abajo viven sábalos de 100 libras o más y tilapias que asustarían a cualquier restaurantero de Yojoa.

Si desea ver al escurridizo manatí, tendrá que moverse en la lancha hacia la Barra de Cuero, al otro extremo de la zona.

Es más seguro verlos por ahí, aunque nadie puede garantizar que los podrá apreciar.

Ciento noventa y seis especies diferentes de aves añaden sonidos a la jungla, mientras por entre las raíces del mangle rojo osos hormigueros, mapaches e iguanas viven el día a día; cazando y evitando ser cazados. La ley de la selva.
Tras un par de horas, volverá a Salado para saborear un delicioso almuerzo preparado por Doña Fátima. Con tiempo, pregunte por el tipo de pescado que desea.

Los de mar son deliciosos, pero arriésguese con un robalo de río a la plancha. ¡Bocado de cardenales!

Por la tarde, cerca de las dos o tres, el motocarro volverá por usted; le prometo que regresará una nueva persona, con un horizonte mayor y un orgullo enorme por la tierra que le vio nacer.

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