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A doña Alejandrina Bautista de Rosa, madre y maestra

Vida cultural
20.01.09 - Actualizado: 20.01.09 06:32pm - Redacción: diario@elheraldo.hn

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Tegucigalpa,

Honduras

Los conceptos del tiempo y la edad en esta cultura occidental nuestra, nos hace medir la vida en años, meses, días; en una percepción lineal del tiempo, como un recurso inmanejable; hemos aprendido que el tiempo pasa, que es indiferente a la vida misma.

Es una visión numérica, cartesiana de la vida, que se origina bajo la figura conceptual de Cronos, el dios Griego del tiempo.

Pero la verdad es que la vida misma quizá no debería medirse, ni en edades, ni en días, meses o años, ni en medidas numéricas, frías y ajenas.

Deberíamos entonces valorar la vida desde otras visiones, desde otras percepciones, desde mundos más profundos, más vivenciales, quizá desde la intensidad con que vivimos en “unidades” de felicidad, en “unidades” de servicio, de bondad, de amor, de compromiso; es claro que esto no se puede con los conceptos que hoy por hoy manejamos sobre ello, porque la vida misma supera con creces las medidas intelectuales meramente cognitivas con que se nos enseñó a ver “el mundo” en que vivimos. Un mundo simétrico, exacto, cuadrado, que nada tiene que ver con la vida.

En cambio los que nacimos en el trópico, dice García Márquez, tenemos una imaginación prodigiosa y una vida casi increíble.

La vida es poesía, es color, es dinámica, es aprender, es tener una familia, es educar, enseñar, compartir, es conducir, “es tan bello vivir” dijo Francois Mitterrand antes de morir.

La vida es también rebeldía, es separar con conocimientos, criterios y valores lo que juzgamos, aceptamos o permitimos.

La historia de Gracias a Dios Lempira, como es su nombre de antaño, (la hoy Gracias, Lempira), no estaría completa sin la presencia ilustre de la profesora, maestra de generaciones, escritora, poetisa y pintora, doña Alejandrina Bautista de Rosa, cuya vida ha sido y seguirá siendo tan rica, tan llena de valores así como de profundos conocimientos en diferentes ramas del saber humano.

Hace cerca de un siglo, la ciudad de Gracias a Dios fue sacudida por un fuerte sismo que destruyó, según los cronistas de la época, más del 80% de la ciudad, las viejas edificaciones que se habían sobrepuesto al clima y los vendavales no resistieron y se vinieron abajo, esto permitió que la población en su mayoría se refugiara en la aldea que posteriormente sería conocida como “el Refugio”, allí nació doña Alejandrina, la penúltima de los hijos del Filarmónico Don Ciriaco Bautista y Doña Lucila Pineda.
Con tres hermanos varones, creció en un ambiente de música y artes manuales.

Desarrolló sus grandes habilidades y amor hacia las ciencias naturales, luego hacia las letras, cuyo proceso de formación lo consolidó con sus estudios superiores.

La vida de doña Alejandrina fue muy rica, una vida llena de saberes, bondades y amor por su hogar y la sociedad.

Escribió la Biografía novelada “La vida en retazos” sobre la vida del también poeta e inventor graciano don Antonio Bautista, además escribió obras cortas sobre la Cultura de los Municipios de Lempira, rescatando parte de su acervo histórico; publicó el poemario Arcilla Graciana, así como innumerables obras teatrales con base en acontecimientos históricos así como sobre la vida cotidiana y política.

La escritora francesa Anne Chapmann retoma en su obra Los hijos del Copal y la Candela, obra publicada por la Universidad de París, el poema de corte histórico “el bulero” de doña Alejandrina.

Innumerables eventos culturales, llevaron su nombre y otros muchos se engalanaron con su presencia.

Su prosa fluida, rica, equilibrada y profunda es un proceso de creatividad, de inspiración y la manifestación de una sólida formación humana y académica, que hicieron de la misma un tema recurrente de los procesos de formación en las generaciones de gracianos que tuvieron el privilegio de tener tan ilustre mentora.

Libros, periódicos, revistas así como la radio y televisión tuvieron entre sus firmes fuentes de conocimiento y sabiduría a la profesora Alejandrina.

Su poesía revela las visiones de la vida desde los mundos silenciosos de la reflexión expresada en un lenguaje florido que interactuando con los entornos, hace de la palabra, la conceptualización de figuras y las ideas un proceso posible de construcción del arte mismo, dicho y escrito desde el interior del ser.

La poesía de doña Alejandrina crea y recrea la pausa y el silencio, la meditación y la añoranza, conduce por las formas literarias a los mundos que ya fueron y plantea los mundos que serán, traslada, transporta, a mundos lejanos, a mundos cercanos, a las antiguas casonas, las pláticas lejanas con tiempos y personas valiosas, construyendo las esperanzas, el verdor, la juventud, los sueños y el esfuerzo. Refleja la gracia, la bondad, la exquisitez de vivir y la paz serena de quien sabe esperar.

La pintura de doña Alejandrina refleja la riqueza misma del color como expresión de la valoración de la vida, de un bien dado por Dios, en ella capta, retiene, revive, recrea esos colores multiformes de los jardines interiores de su eterna y amada Gracias: flores, jarrones, cielos infinitamente celestes, rostros de madres, manos de niños, son la continuación de un canto del amor por la vida, son otra forma de hacer poesía, son otra forma de decir, expresar, cantar lo que se siente.

Jazmines, margaritas, rosas, tallos verdes, alcázares, patos entre aguas tranquilas y tallos de plantas acuáticas son parte de esos trazos.

Su pintura siempre fue también una búsqueda, por plasmar la riqueza del vivir, una forma particular de enriquecer las visiones de la vida. Una búsqueda para compartir su belleza interior, para inducir a pensar, a soñar, a amar la vida misma a comprometerse a intentar, a querer, a luchar. A ser uno mismo.

En la década de los cuarenta se casó con el intelectual graciano don Leonidas Rosa Zerón, jurisconsulto, escritor, poeta, agricultor e innovador, dando lugar a la formación de una familia de prominentes gracianos, los Rosa-Bautista, hogar del cual nacieron siete hijos: Leonidas, Lucy, Rubén, Suyapa, Mario Antonio, Hermes Colombo y Bessy Alejandrina (la más pequeña, linda y dulce).

Los Rosa Trejo, los Rosa Zerón, los Cáceres Lara, los Pineda Canelo, como parte de la red familiar, también hicieron hijos y libros, palabras arrancadas de la historia.

La tradición Judeo-Cristiana en que hemos sido formados nos enseña que los hijos de Dios, “verán a los hijos de sus hijos, y su mujer será como una rama de vid cargada de uvas” y así como cantaba el rey David “joven fui y no he visto justo desamparado, ni su simiente que mendigue un pan” se ha manifestado en la vida de los Rosa-Bautista.

Se ha logrado el sueño de los padres, sus esfuerzos, sacrificios y entrega se ha visto realizado en la calidad humana de sus hijos, en el profundo compromiso por la vida, por la patria y por el departamento de Lempira, su amor a esta tierra peregrina llamada Honduras se manifiesta en los servicios que como agricultores, caficultores, maestras, abogados, ingenieros, embajadores, canciller, diputados, alcalde, empresarios, intelectuales, científicos y otros quehaceres que la vida les ha proporcionado, son solo bondades; diríamos que son parte de esas bendiciones alcanzadas.

Así sus nietos se forman hoy en diferentes y prestigiosas escuelas y universidades de América y Europa, los cuales como sus padres y sus abuelos retornarán a esta tierra para contribuir a construir mundos mejores.

Quizá la vida deberá interpretarse desde la intensidad de la misma, desde el Kairós, desde la calidad humana y la calidad con el entorno, desde la paz interior, desde la convicción que lo que hacemos es parte de un compromiso con Dios y con la sociedad.

Desde el tiempo como experiencia de vida. Quizá la vida debería de verse desde la creatividad, los colores, la poesía, el trabajo honrado y el esfuerzo con que doña Alejandrina la vio y la compartió.

A doña Alejandrina, sean para ella mis palabras dulces, de quien una vez mi madre, doña María Paula me dijo: “Ella, hijo, es también tu madre, ámala y respétala como tal”.

Ingeniero Alfonso Carranza R.
Candidato a Ph D / Educación-Mediación/ U la Salle
Docente de la UNAH-CUROC/ Santa Rosa de Copán
Agricultor
Escritor

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Doña Alejandrina Bautista de Rosa (QDDG).
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