Honduras
Santa Bárbara. “…a media noche llegaron dos naos franceses… dexaban robado y quemado a Trujillo con la iglesia y muerto un vecino… los demás porque lo sintieron fueronse al monte que esta acerca y no los siguieron…”
Así describe Francisco Marroquín, obispo de Guatemala, el primer ataque al puerto de Trujillo, un 7 de julio de 1558; a apenas treinta y tres años de su fundación.
Trujillo fue fundada por Juan de Medina el 18 de mayo de 1525, siguiendo órdenes del capitán Francisco de las Casas, quien a su vez ejecutaba las órdenes del gran conquistador Hernán Cortés.
Su nombre proviene de la ciudad del mismo nombre en España y de donde era oriundo de las Casas.
Los principios del asentamiento fueron terribles; epidemias, hambrunas y la resistencia de los indios, pronto diezmó a la población.
A esto se agregaban los enfrentamientos entre los distintos capitanes al mando de Cortés, por problemas de propiedad en los territorios conquistados.
Tan terrible parecía el futuro de Trujillo que al poco tiempo Cortés viajó desde México hasta Honduras para observar personalmente los avances de la conquista y colonización en los nuevos territorios..
Cortés llegó a Trujillo y de inmediato se puso a trabajar. Mandó gente a recorrer el valle de Aguán, edificó más casas y recibió la visita de líderes indígenas cercanos.. Pero como su interés radicaba en México, en cuanto pudo partió de regreso.
A pasos lentos y en medio de las siempre presente fricciones y ambiciones personales de los distintos gobernadores, Trujillo creció lo suficiente como para que en 1531 se constituyera en catedral la iglesia parroquial y, con el paso de los años, se comenzará a prosperar.
Las riquezas de la ciudad no tardaron en atraer la mirada de los forajidos del mar que constantemente surcaban las aguas del Caribe. En 1572, otro ataque ocurrió, lo mismo que en el 95.
En el siguiente siglo, cerca de diez ataques más, de corsarios y piratas, volvieron a Trujillo un puerto peligroso.
La construcción de un sistema defensivo para la ciudad comenzó en el año de 1575, cuando se compraron cuatro cañones y se ordenó la edificación de un baluarte defensivo.
En 1586, Juan Bautista Antonelli realizó el plano de la fortificación, pero no fue hasta 1629 cuando ya la ciudad contó con un puesto defensivo con seis piezas de artillería.
Desafortunadamente, en 1740, el ingeniero Luis Diez Navarro propuso construir la fortaleza de Omoa, al otro extremo de Honduras, dejando a un lado los planes del baluarte de Trujillo.
Así se selló la historia de la fortaleza Santa Bárbara. Una historia que puede ser narrada gracias a los esfuerzos de Juan Manuel Aguilar y Sergio Antonio Palacios, en su libro “La ciudad de Trujillo”.