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Los verdaderos sabores

¿Qué sería de Tegucigalpa sin los panes con frijoles de la Bolsa? ¿Quién ha visitado la capital sin el encargo de llevar pan de Chinda Díaz?
13.03.09 - Actualizado: 13.03.09 05:53pm - Arturo Sosa: arturo.sosa@laprensa.hn

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Tegucigalpa,

Honduras

Son las cuatro y media de la mañana y una figura menuda, con paso decidido, cruza el Parque Herrera frente al teatro Manuel Bonilla.

A los 81 años de edad, doña Tina realiza el mismo recorrido que lleva haciendo los últimos 36 años. Clementina Valladares Salgado es su nombre, capitalina de pura cepa.

Y su negocio son las “burras”; plato típico de la capital, apreciado por ricos y pobres, chicos y grandes, embajadores, diputados y lustrabotas.

Con el crecer de la ciudad, las jóvenes generaciones abarrotan los centros comerciales y las comidas rápidas; nuevos gustos para nuevas gentes.

Palabras en inglés y francés describen sabores foráneos poniéndonos a tono con un mundo globalizado en donde comer una hamburguesa en Fort Worth, Texas, es lo mismo que comerla en París o Tegucigalpa. Y no está mal.
Malo es habernos olvidado de lo nuestro; puesto que al fin y al cabo, no somos franceses ni estadounidenses, por más escuelas bilingües que cursemos.

Malo es no refinar el paladar, partiendo de los deliciosos panes con frijoles y mantequilla del barrio la Bolsa. Porque lo que vienen a comer los turistas es lo nuestro, lo que ellos no tienen. Así es eso del turismo.
Los Panecillos Juanita fueron creados por doña Juana María Fonseca y su mamá, doña Mercedes Durón. Allí en su casa de adobe, en el sendero 16, comenzaron hace 60 años.

Y desde entonces, los panes con frijoles y mantequilla han sido la tentación de Presidentes, embajadores, alcaldes (don Ricardo Álvarez es un asiduo cliente desde que su papá lo llevaba cuando era niño) y políticos (a don Oswaldo Ramos Soto le encantan y don Elvin Santos se llevó 600 panes en su última convención).

Pero no sólo celebridades acuden al pequeño local; vaya usted de siete y media a 12 del meridiano, de lunes a sábado y se encontrará con el ciudadano común; en camiseta o en traje.

Emperifollado o no. Y es que para Meche, Julia y Lupe, todos los visitantes son iguales.

Otro lugar clásico de Tegus es Chinda Díaz. Gumercinda Mendoza Viuda de Díaz era su nombre y murió en 1993 a los 101 años de edad.

Tiempo suficiente para ver crecer su negocio ubicado atrás de la Catedral Metropolitana. Rosquillas para miel, para café, pan de yema, bolillos para torrejas, quesadillas de cuajada y nacatamales son una pequeña parte del enorme menú que ofrece esta esquina casi inmortal.

Flor, Ana y Angélica están siempre ahí, desde hace muchos años, “volando” entre tanto pedido de tanta gente que acude al mercadito.

Y por supuesto, si es usted amigo, amiga, fanática de las “burras”, tiene que ir con doña Tina. Sé que hay otras burras (y burros) en la ciudad; a mi me encantan las de Chomys en Los Castaños.

Pero en el centro de Tegucigalpa, con ese sabor de la antañona ciudad, sólo esas. Y doña Tina es un amor.

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Los deliciosos panes con frijoles son una exquisitez al paladar.
Los deliciosos panes con frijoles son una exquisitez al paladar.

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