Honduras
“El árbol de la noche triste” lo llama la historia. Y es que, recostado sobre el gran ahuehuete, Cortés lloró al ver sus tropas diezmadas y heridas la noche en que tuvo que abandonar, vencido por las huestes aztecas, la gran Tenochtitlán.
Talvez Comayagua no tenga un centenario y un legendario árbol como el de la Calzada Tacuba; pero sí tuvo su propia triste noche, este 15 de abril recién pasado.
Producto del infortunio y falta de medidas de seguridad, esa noche se quemaron cinco edificios coloniales del centro histórico de la otrora capital colonial de Honduras.
El Palacio Episcopal, el Colegio Tridentino, la iglesia de El Carmen, la Capilla del Santísimo y el Museo de Arte Colonial Religioso desaparecieron casi totalmente no solo como estructuras materiales, sino también (y peor aún) de nuestro pasado, de nuestra identidad como nación.
Esculturas, pinturas, muebles, joyas, artículos ornamentales, vestimentas, sellos y documentos de varios siglos de antiguedad fueron presa de las llamas y nuestra indiferencia. Nunca sabremos, a ciencia cierta, cuánto perdimos los hondureños y el mundo en esta tragedia.
Porque más allá de la desaparición física, el verdadero dolor radica en que nunca quisimos registrar y difundir los tesoros que nos identificaban como hondureños.
Como no existe una copia, un respaldo, una lista, un algo que registre los documentos coloniales y republicanos que allí se guardaban, nunca sabremos qué perdimos. Hasta ahora.
Paúl Martínez, un buen amigo y fotógrafo, trabajó pocos días antes del incendio, en las instalaciones del Palacio Episcopal y en sus exteriores, durante las procesiones de la Semana Mayor.
Motivado por su espíritu documentalista y amor a Honduras, tomó algunas fotografías en esas fechas y en los días posteriores a la conflagración.
“Lo que el fuego nos dejo” es la exposición fotográfica de Paúl, quien pretende mostrarnos una pequeñísima parte de lo que se perdió para siempre; imágenes que deben atesorarse para futuras enseñanzas, tanto de lo que tuvimos, como de lo que debemos ahora sí, proteger.
Auspiciada por una serie de instituciones locales y nacionales, el próximo 12 de enero se abrirá esta exposición en el Museo de Comayagua.
Parte de un esfuerzo por reconstruir el Palacio Episcopal, inmueble construido por el obispo Gerónimo de Corella y que inició su levantamiento en 1558 para terminarse en 1588.
Antecedentes similares al Colegio Tridentino, que fue fundado en 1679 y donde se impartían las cátedras de Gramática, Latín y Teología, como parte del colegio–seminario.
Tras la acongojada noche, Cortés reagrupó sus tropas, levantó la frente y emprendió la reconquista de la magnífica ciudad de los lagos, orgullo del imperio azteca. Huelga decir que este es nuestro momento, tras ver “lo que el fuego nos dejó”.
* “Desde su fundación, la ciudad de Comayagua ha desempeñado un destacado papel en la historia y la cultura, al considerársele principal centro político, económico, social y religioso de la provincial de Honduras por más de tres siglos. Aquí se establecieron las autoridades civiles y eclesiásticas con sus distintas instituciones… “La Iglesia Católica, institución de carácter ideológico dedicada a las tareas de educación y evangelización de criollos y aborígenes, sentó sus bases en la recién fundada localidad a través de los padres de las órdenes de La Merced y San Francisco, las iglesias coloniales de la ciudad de Comayagua”.
* Según la mayoría de los historiadores, Honduras es el segundo país de Centroamérica con la mayor herencia colonial. Si nos enseñaran esto en las escuelas, colegios y universidades, posiblemente seríamos mejores ciudadanos