Suecia
El protocolo dice que los ganadores del Nobel no pueden hablar en el momento de la premiación. Por ello Herta Muller, la ganadora del premio en literatura, habla hasta ahora y largamente sobre sus orígenes y trabajo.
Pero durante la ceremonia, solo sonrió y agradeció la entrega por la Academia Sueca.
La escritora rumano-germana fue la indudable protagonista de la gala. Única premiada en solitario en Estocolmo, fue presentada por el miembro de la Academia Sueca, Anders Olsson, como una mujer a la cual "la experiencia de la opresión le ha privado de la paz".
"Su trabajo está anclado en sus propias experiencias. Ella ha dicho que sus temas la eligen a ella y no al revés", en referencia a la profunda huella que el dictador rumano Nicolai Ceaucescu ha dejado en libros como "En tierras bajas".
Olsson destacó la "habilidad para aunar la densidad poética con el afán de resaltar el detalle de la prosa" de la escritora.
Los aplausos para Müller, que vive en Berlín desde 1987, fueron un poco más fuertes de lo habitual y sobrepasaron sutilmente lo convenido. La galardonada llegó vestida con un sobrio atuendo negro para recibir el premio de manos del rey de Suecia Carlos Gustavo.
Testimonio
Días antes, la escritora rumano-alemana explicó de manera literaria las cicatrices de su existencia, que no son otras que las de la historia del siglo XX, durante un discurso titulado "Cada palabra sabe algo del círculo vicioso".
"Los objetos no saben su propio material, los gestos no saben sus sentimientos y las palabras no saben las bocas que las hablan. Pero para estar seguros de nuestra existencia, necesitamos los objetos, los gestos y las palabras. Cuantas más palabras nos permiten usar, más libres nos volvemos", resumió la escritora en la sede de la Academia Sueca.
Nacida en Nytzkydorf (Rumania) en 1953, en una minoría alemana de este país, expresaba así el doble filo de su instrumento de trabajo, la palabra, dentro de una obra que tiene títulos como "El hombre es un gran faisán en el mundo" o "La bestia del corazón", y un reconocimiento que le fue negado bajo la dictadura de Ceacescu.
El manuscrito de su primer libro, Niederungen (En tierras bajas), reposó cuatro años en la editorial antes de ser publicado en 1982 con recortes impuestos por la censura rumana, pero la versión íntegra apareció dos años después en Alemania y las autoridades rumanas le prohibieron publicar en su país.
Niederungen le valió el premio alemán Aspekte al mejor debut en lengua alemana del año; son narraciones breves sobre la vida de un pueblo alemán venido a menos y perdido en Rumania según la perspectiva de una niña.
Asoman los temas de la represión y la incomunicación en la esfera familiar y social.