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La frontera oeste

La frontera oeste es mucho más que un sitio lejano en nuestra mente; es la ventana a un espacio que no conocemos y que nos sorprende cuando finalmente lo visitamos.
12.03.10 - Actualizado: 12.03.10 06:22pm - Arturo Sosa: arturo.sosa@laprensa.hn

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Tegucigalpa,

Honduras

Se acerca Semana Santa y tendremos tiempo para estar en familia y viajar por Honduras. Una grandiosa oportunidad para expandir nuestros horizontes y los de nuestros hijos.

Alejándonos un momento del trabajo diario, nos asombraremos de nuevo con los magníficos escenarios naturales que posee la patria; nos reencontraremos con olores y sabores olvidados de nuestra rica gastronomía y escucharemos otras lenguas nativas que también son parte de la identidad catracha.

Viajar es más que adquirir nueva ropa de baño y un nuevo bronceado. Es crecer por dentro. Mark Twain, el gran escritor norteamericano, solía decir: "No se puede ampliar la visión del mundo vegetando en una esquina del planeta". Y tenía razón.

¿Qué tan lejos ha llegado usted, amigo lector, recorriendo los caminos de Honduras?

Allá, en los confines occidentales de Honduras, todo es distinto. Sabores de chipilín y pacaya; flor de izote y buen café. Temascal y estelas.

Un reino que comenzó con un guerrero llegado del Petén y donde moros y cristianos se siguen enfrentando cada 30 de noviembre.

Copán Ruinas y Ocotepeque; ciudades fronterizas donde la tradición y las buenas costumbres se unen para dar siempre lo mejor de sus pueblos.

Llegar a ellas no es difícil, cuesta más vencer la inercia de pensar que están lejos; pero una vez rota la barrera, la percepción cambia y el horizonte del viajero se vuelve más ancho, más amplio, más hondureño.

Comencemos por la gastronomĂ­a local. Nonis, berros, pacayas, mostaza, chipilĂ­n, aiguaste y loroco son solo el comienzo de una flora comestible que el resto del paĂ­s desconoce.

Es increĂ­ble cĂłmo viviendo en las grandes ciudades hemos crecido sin haber probado el delicioso fresco de semilla de aiguaste o el de chaya con limĂłn.

Pupusas (que por estos lares se llaman empanadas), ticucos, garnachas y totopostes se unen a montucas, tamales, quesadillas y pan horneado en casa, acompañado siempre de buen café.

Hay que recordar que el occidente tiene cerca de ocho zonas productoras de café arábigo de altura; muchos de los productores están comprometidos con el cultivo orgánico y es frecuente la visita de expertos catadores internacionales que vienen a comprobar la calidad internacional de la producción.

¿Por qué tanto vegetal nuevo para nosotros? Porque hace mucho tiempo abandonamos nuestras raíces, dejando en el olvido las costumbres ancestrales de los mayas y los chortís. Lo bueno es que siempre hay tiempo para volver a lo nuestro.

Todos estos vegetales necesitan escenarios naturales diferentes, fríos, montañas. En esta parte de Honduras, la más accidentada del país, los bosques nublados son frecuentes.

La reserva biolĂłgica de El GĂĽisayote, el parque nacional Trifinio, El Celaque en Lempira, son todas enormes extensiones de bosques primarios que luchan por mantenerse prĂ­stinas, aptas solo para el senderismo y el estudio de especies importantes de nuestra flora y fauna.

Por supuesto, no podemos dejar de mencionar otro de los grandes tesoros culturales de la nación: el parque arqueológico de Copán Ruinas. Con cerca de 160,000 visitantes al año, es el destino cultural más importante de Honduras.

Es tiempo de conocerlo y aprovechar las conferencias mensuales que están organizando los principales actores de la investigación arqueológica de la zona. Más ahora, cuando el gran ciclo del tiempo maya llega a su fin en el año 2012.

Finalmente, es importante señalar que las costumbres y la cultura local todavía permanecen en pie y se difunden con orgullo en ambas ciudades.

Casa K’nich en Copán Ruinas y "El baile de los moros y cristianos" en Ocotepeque son baluartes de una identidad que es mantenida con verdadero orgullo (y no se pierda las alfombras y la dramatización del Vía Crucis el Viernes Santo en Copán Ruinas).

Vale la pena darse la oportunidad de conocerlos y hacer contacto con estas manifestaciones culturales que se suman a nuestra fisonomĂ­a catracha.

La frontera oeste es mucho más que un sitio lejano en nuestra mente; es la ventana a un espacio que no conocemos y que nos sorprende cuando finalmente lo visitamos.

Para tomar buen café, para recorrer sus montañas o para aprender más sobre la astronomía y el arte maya. Pero sobre todo, para ser mejores hondureños.

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Estela del rey Waxaklajunn Ub’aah K’awii (18 Conejo) en el parque arqueológico de Copán Ruinas.
Estela del rey Waxaklajunn Ub’aah K’awii (18 Conejo) en el parque arqueológico de Copán Ruinas.

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