Honduras
Uno de los productos que genera la palma africana es el biodiésel.
Este combustible para vehículos livianos y pesados se produce experimentalmente en Honduras desde unos pocos años atrás; es una alternativa mucho más amigable con el ambiente que los combustibles fósiles y no se requieren grandes presupuestos para transformar los motores actuales.
Según funcionarios de Coapalma, el costo total de modificar un vehículo es menos de 300 dólares y, de hecho, ya existe en Coapalma un vehículo del tipo pick-up que trabaja diariamente impulsado por el biodiésel.
La palma africana llegó a Honduras en la década de los veinte, específicamente al Jardín Botánico de Lancetilla. Llegó como una planta en estudio, traída posiblemente por el gran investigador Wilson Popenoe.
Sin embargo, fue hasta los años setentas cuando inició su cultivo a gran escala en el valle del Aguán.
La palma fue uno de los actores principales de la Reforma Agraria en esa década. Con la semilla llegaron también las primeras cooperativas campesinas y los primeros proyectos de industrialización del fruto.
Por causas diversas y con el paso de los años, la mayoría de los cooperativistas terminaron vendiendo sus tierras a grupos más industrializados.
Las que permanecieron fiel a sus objetivos lograron consolidarse y crear verdaderas empresas agroindustriales como Coapalma Ecara, que fue la que visitamos esta semana.
La palma africana es una planta extremadamente rentable ya que sus frutos producen una serie de componentes básicos de otros bienes más elaborados.
Así, la primera concha de la fruta produce el aceite crudo, base de los aceites comestibles y jabones; la segunda cáscara interna, que protege a la almendra interior, sirve como combustible para maquinaria industrial.
La almendra produce aceites más finos, ideales para cosméticos, y además contiene unas pepitas que se procesan para crear un tipo de harina utilizado en el concentrado de ganado.
En países más industrializados, a partir de la palma se producen además velas, medicinas, llantas, tubos de PVC y, por supuesto, biodiésel.
Este combustible para vehículos livianos y pesados ya se produce experimentalmente en Honduras; es una alternativa mucho más amigable con el ambiente que los combustibles fósiles y no se requieren grandes presupuestos para transformar los motores actuales (según funcionarios de Coapalma, el costo total de modificar un vehículo es menos de 300 dólares).
Más allá de las expectativas sociales y económicas que produce este monocultivo, es innegable que estas enormes plantaciones generan cambios en el ambiente, cambios positivos que nunca son mencionados en la proporción que se merecen.
Por ejemplo, las plantaciones se convierten en corredores biológicos naturales para una extensa lista de nuestra fauna salvaje.
Es común encontrar aquí diversos depredadores como tigrillos, boas, barba amarilla, lechuzas, gavilanes o pizotes. Todos ellos eslabones de una perfecta cadena alimenticia natural.
Otra ayuda que nos proporcionan estas palmas es que con sus grandes hojas evitan la erosión del suelo al protegerlo de la lluvia y el sol directo. Y como no se utiliza la práctica de quema en su cultivo, los suelos se mantienen puros.
La palma africana se ha convertido en mucho más que un producto agroindustrial de grandes proporciones, es un recurso que el país posee para generar riquezas a sus habitantes, al tiempo que se hace un pacto con el ambiente. Más que una planta es un símbolo de Tocoa y de todo el valle del Aguán.
Es una palma bendita…