Honduras
El sábado pasado, llegué al aeropuerto de San Pedro Sula y lo primero con que me topé fue con un bus de pasajeros que llevaba pintado el letrero de "Misión Dental Bautista".
No siendo la primera vez que miraba una escena similar, no me extrañe en lo absoluto. Lo que sà me sorprendió fue descubrir que habÃas más de cinco enormes buses estacionados junto al primero, esperando sus pasajeros.
De pronto, de la terminal A, comenzaron a salir en largas filas, decenas tras decenas de jóvenes estadounidenses, universitarios la mayorÃa, colegiales los demás, que guiados por enormes letreros blancos, comenzaron a subir a los buses. ¿De dónde salÃan tantos muchachos turistas?, me pregunté.
Como la curiosidad es el pilar de todo fotógrafo, dirigà mis pasos a unos oficiales de migración que se encontraban cerca y les pregunté a qué se debÃa tanto viajero. "Voluntarios", me contestaron. "Este dÃa han llegado cerca de 400 voluntarios a trabajar en diferentes proyectos sociales y médicos en distintas zonas del paÃs".
Y… ¿siempre llegan tantos? Les volvà a preguntar.
"¡Siempre!… mañana domingo va a ser igual y casi todas las semanas es asÃ", me terminaron contestando.
¡Cuatrocientos! Esa es una enorme cantidad de turistas para un paÃs que necesita enormes cantidades de dólares frescos (¡y limpios!). No pude menos que acordarme de Catherine Bukowski; una joven norteamericana que conocà en el JardÃn Botánico Lancetilla un tiempo atrás. Con un post grado en administración de bosques y recursos naturales de la universidad estatal de Nueva York, Catherine llevaba tres años en el paÃs, trabajando como voluntaria del Cuerpo de Paz. Tres años recorriendo a pie largas distancias para enfrentarse a las obvias dificultades de ser diferente: otro idioma, otro color de piel, otros sabores, otros ritmos… ¿Por qué enfrentar el alma a tantas incomodidades?
Cuando se lo pregunté, ella me respondió: "La oportunidad de vivir en otro paÃs me ha dado la capacidad para ver mi propia cultura más claramente, enriqueciendo mi vida en una manera más global y aprendiendo que las diferencias del idioma, cultura, polÃtica, posición económica o social, no tienen nada que ver cuando se trata de la sencillez y calidez del ser humano"...
Mark Twain dijo alguna vez: "La mirada amplia, el respeto y la caridad, no se adquieren viviendo como vegetal en alguna esquina del planeta". Catherine Bukowski lo sabÃa; por eso realizó ese largo viaje hacia una tierra llamada Honduras. Al igual que los cuatrocientos muchachos y muchachas del sábado pasado en el aeropuerto de San Pedro Sula.