Honduras
Un ángel más nos abandona para unirse al ejército de paz de Dios.
El gran poeta Roberto Sosa fue sepultado ayer en Jardines de Paz Suyapa, ante el dolor de su familia y la admiración de muchos colegas y amigos que llegaron a acompañarlo hasta su última morada.
Una mañana calurosa y soleada, un auditorio lleno de personas y un féretro rodeado de perfumadas y coloridas flores fueron los elementos que conformaron el sepelio de al que muchos consideran el poeta hondureño más conocido internacionalmente.
Horas de profundo dolor
A eso de las 10:20 de la mañana, el carro fúnebre salió del auditorio de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, donde era velado don Roberto desde ayer a tempranas horas, hasta la ermita de Suyapa, donde se ofició la misa de cuerpo presente.
Silenciosos y cabizbajos personajes aguardaban la carroza donde venía el cuerpo ya sin respirar de su pariente, amigo, maestro y mentor.
A la llegada de su viuda María Lidia de Sosa, de sus hijas Blanca Leonor y Diana Sosa, de sus nietos y demás familiares, el embajador de la República Dominicana en Honduras, José del Carmen Acosta, interrumpió sus pasos para darles sus más sinceras condolencias y entregarles un acuerdo de duelo en nombre de su pueblo y gobierno, no sin antes afirmarles que todo el pueblo dominicano llora la partida de ese "ser maravilloso que nos iluminó, ilustró y emocionó muchas veces a lo largo de nuestra vida".
La sentida misa
Un grupo de señoras y señores vestidos de blanco y negro comenzaron a interpretar sentidos himnos, mientras el padre Víctor Ruiz se preparaba para dar la homilía respectiva.
"Nuestro hermano Roberto simplemente se nos adelantó en ese camino que irremediablemente todos debemos seguir. Pero su despedida de este mundo no debe ser triste, pues él vivió su vida plenamente.
Fue un buen hondureño, un buen padre, amigo y esposo. Su obra en la tierra es imperecedera y su memoria vivirá en cada uno de sus escritos. Descanse en paz Roberto Sosa".
Camino a su últimamorada terrenal
El triste momento de dejar partir a ese ser maravilloso que muchos conocimos llegó y fue como si el tiempo se detuviera y comenzáramos a revisar en nuestro baúl de recuerdos aquella primera vez que leímos "Los pobres", "Diálogo de sombras", "Hasta el sol de hoy" o " Muros".
Era increíble que aquel personaje que me dio tantos buenos momentos de lectura en mi niñez y adolescencia estuviera a punto de decir adiós; pero era así, Roberto Sosa ya nos dejaba para vivir un mundo mejor al lado de Dios.
Suspiros, gritos, dolor y llanto estallaron al unísono, mientras los sepultureros bajaban poco a poco el frío cajón de madera que resguardaba el cuerpo del señor de la pluma fina.
La tierra comenzaba a llenar el hoyo cavado y las flores también comenzaban a esparcirse por el lugar.
Todo había terminado casi al mediodía del martes, el gran poeta de generaciones fue enterrado como lo que fue: un grande de las letras hondureñas y, en especial, de la poesía latinoamericana.
Sosa fue galardonado en 1990 con el grado de Caballero en la Orden de las Artes y las Letras por el Ministerio de Cultura de la República de Francia y en 1968 se convirtió en uno de los primeros latinoamericanos en ganar el premio de poesía Adonáis de España con "Los pobres". Días antes de su fallecimiento se le había notificado que se había hecho acreedor al premio Rafael Alberti, otorgado por el gobierno cubano.