Honduras
Los concursos de belleza despiertan muchos pensamientos en toda la sociedad que disfruta y que está pendiente de este tipo de eventos.
Pero qué, o más bien quiénes son las personas que se encargan de organizar estas competencias y que de alguna manera son genios dentro de una lámpara que cumplen el deseo de jovencitas que sueñan con convertirse en reinas una vez en su vida. Hoy en la sección Vida nos dimos a la tarea de develar esos rostros que muchas veces pasan desapercibidos en estos espectáculos, que cada vez más se convierten en todo un suceso dentro de nuestras sociedades.
Carlos Rivera es un puertorriqueño que desde hace varios años radica en el puerto de Tela y es el dueño, junto a Ricardo Caballero, del Miss Universo Honduras.
Otra de las personalidades que decidió conversar con nosotros y revelar ciertas situaciones en su vida laboral es Eduardo Zablah, quien es toda una institución al frente del Miss Mundo Belleza Nacional.
Ambos tienen mucho tiempo en el mundo de los espectáculos de esta naturaleza y han sabido solventar muchos inconvenientes en su trabajo.
Su amplia trayectoria los ha catapultado para estar al frente de los dos concursos de belleza más importantes de Honduras. Son muy carismáticos y aunque sus actividades diarias son muy variadas, tienen un espacio para compartir con su familia, con sus amigos y realizar pasatiempos que los ayudan a relajarse.
Para llegar hasta donde están han tenido que pasar por muchos sinsabores, pero aseguran que todo vale la pena, siempre y cuando sientan esa satisfacción personal.
Los ingredientes que le faltan a la reina hondureña son sentirse bella, estar preparada y ser muy decidida
Eduardo Zablah celebra este 2011 dieciséis años de ser el director del Miss Honduras Belleza Nacional. Ha ganado 76 premiaciones a nivel internacional y una corona mundial en el 2003 en el Miss Tierra, realizado en Filipinas.
Sus actividades también se expanden al diseño de ropa y ha presentado colecciones en Estados Unidos, Guatemala, Panamá, Belice, Colombia, El Salvador, Costa Rica y, por supuesto, Honduras.
Como él mismo revela, sus labores en concursos de belleza comenzaron hace 30 años, ayudando a la señora Norma de Fúnez diseñando vestuarios de las concursantes de La Ceiba, Atlántida, Colón e Islas de la Bahía. Años después fue director de la Costa Norte del evento Miss Honduras.
Confiesa que organizar un evento de la magnitud del Miss Honduras Belleza Nacional toma un año. Por supuesto, tiene a su alrededor colaboradores en los cuales delega algunas tareas, pero él es tan perfeccionista que siempre supervisa personalmente todos los detalles.
Muy relajado, afirma que para que una chica pueda ser tomada en cuenta por él para participar en sus concursos primero debe ser bella físicamente, ser alta, tener un grado universitario, actitud y el deseo de representar a Honduras dignamente en el exterior.
Con un tono firme manifiesta que el obstáculo más grande que debe enfrentar a diario es que las empresas no quieren patrocinar estos concursos, y si lo hacen siempre quieren condicionar sus aportaciones y esto lo incomoda. Su mayor satisfacción en todos estos años es ver triunfar a sus reinas en el exterior y saber que todo el sacrificio de ellas y de él vale la pena. Siente que aporta un grano de arena para el progreso del país ya que, afirma, estas beldades se convierten de alguna manera en embajadoras de la belleza pero también de la cultura y el turismo.
Para triunfar, asegura que las reinas catrachas deben ser más seguras y desafiantes.
Mis concursos son innovadores, frescos, limpios y con mucho crédito internacional
Para Carlos Rivera los concursos de belleza ya son una actividad de familia, pues siendo hijo de una exreina de belleza puertorriqueña esta actividad la vive desde su niñez.
Su determinación y seguridad al decir que este es el trabajo que más satisfacciones le ha dado y con el que se siente con más comodidad para realizarlo lo llevan a decidir radicarse en Honduras desde hace varios años para trabajar con más soltura de cara a la preselección de las chicas que participan en su concurso, que tiene la venia de la franquicia Miss Universo.
El trabajo es arduo, pues Carlos dice que tras culminar una elección, inician los trabajos para organizar el siguiente.
Revela que las chicas que participan por alcanzar esa ansiada corona de Miss Universo Honduras deben no solo cumplir con los estándares indispensables para estos eventos (ser linda, tener una estatura promedio de más de 1.75, tener grado universitario, etc.), sino que también deben estar dispuestas a firmar un contrato para protegerlas de todo lo escrito y hablado y poder dejarle saber al país que son mujeres de buena calidad y buen perfil.
El obstáculo más grande que debe afrontar cada año es limpiar el concurso de todos los pasados directores y la negativa reputación que tenía. Por otra parte, su satisfacción más grande en estos eventos es ver a Honduras ser parte de esta gran fiesta que es el Miss Universo y que las chicas aprendan a ser disciplinadas y que esto solo es una experiencia más que las prepara para enfrentar los retos diarios de la vida.
Carlos Rivera cree que la mujer hondureña es naturalmente bella, pero que a la hora de participar en los concursos internacionales debe sobrepasar muchos tabús creados por ella misma. Deben tener confianza en ellas mismas, creérsela ellas primero y vencer ese miedo a sobresalir y hacer, según ellas, el ridículo.
Un detalle interesante que revela de su vida es que de no estar inmerso en los concursos de belleza, le hubiese gustado incursionar en los medios de comunicación. Es un buen padre y un preservador de la belleza natural.