Honduras
Además de la literatura y la medicina, otra pasión dominaba a la escritora Lucila Gamero de Medina: la administración de sus propiedades. Gracias a las indagaciones y publicaciones de Juan Ramón Martínez, hemos aprendido cómo su personalidad férrea y decidida le permitió administrar con mano dura el rudo trabajo de las haciendas y sus vaqueros.
Sumemos el trajín diario de una botica y las visitas a los enfermos, y nos percatamos de una mujer con recursos y prestigio; armas que la hicieron independiente económicamente de su esposo.
-------------
En septiembre de 2008 viajé a Danlí para conocer un poco más a fondo sobre Lucila Gamero de Medina. El viaje lo hice para la revista Estilo y esto fue lo que escribí para ellos en ese momento:
"Las calles de la ciudad, a causa de un aguacero que acababa de caer, estaban poco concurridas aquel viernes de la primera semana del mes de enero del año 1900…"
Así comienza "Blanca Olmedo"; las primeras líneas de la novela que conmemora cien años de su publicación en este 2008. Generaciones tras generaciones de escolares hondureños crecieron leyendo, a veces llorando, a veces riendo y casi siempre a regañadientes, las desventuras de la joven y bella institutriz que se enfrentó a una sociedad rígida, inflexible y por supuesto, resquebrajada moralmente aquí y allá.
"…pero los hermosos ojos nacidos para venerar a la Virgen, para extasiarse mirando a lo místico, me han visto como no deben de ver los ojos de un sacerdote a una mujer".
En el Danlí de 1908, semejante párrafo debió caer como una mortal bomba de hidrógeno; blasfemia infernal que arrasó cimientos, paredes e instituciones. Peor aún si era una mujer, personaje central de la novela, quien lo decía; insoportable si lo escribía otra de carne y hueso.
Pero Lucila Gamero Moncada no era mujer que se dejaba amedrentar. Así lo aseguran la historia y quienes llegaron a conocerla, incluyendo mi padre (quien me dio las primeras informaciones sobre la autora). A los veinte años, cuando la mayoría de las mujeres de hoy son consideradas apenas unas jovencitas inexpertas con derecho a diabluras y disculpas, Lucila ya estaba decidida a enfrentarse sola al mundo.
"Blanca Olmedo" no fue su primera obra. "Adriana y Margarita" y "Páginas del corazón" compiten por el título de la primera novela de ella y de Honduras. Pero es la historia de Blanca, la desdichada institutriz, la que cautivó el corazón del poco público lector que había para esas épocas.
Lucila Gamero nació el 12 de junio de 1873, en el seno de una familia acomodada y de enorme prestigio social de Danlí. Su padre, el doctor y militar Manuel Gamero Idíaquez, es sin duda alguna quien marcó el carácter y personalidad de la futura escritora.
Pero es importante señalar que no es solo ella quien dispondrá de talento para las artes; dos de sus siete hermanos legítimos fueron músicos y composiciones perduran hasta nuestros tiempos. Su hermano mayor, Manuel de Adalid, fundó la Banda de los Supremos Poderes en 1915.
Varias novelas, algunos cuentos cortos y una autobiografía inconclusa nos quedaron del primer amor de Lucila. En enero de 1964, falleció en la misma ciudad que alguna vez sacudió con la ayuda de una joven y bella institutriz llamada Blanca Olmedo.