Honduras
El clásico volvió a ser la mezcla de muchos sentimientos, amor, pasión, odio, alegría y tristeza.
En las gradas, las barras hicieron su fiesta de insultos y al menos una docena de Ultrafieles y Revolucionarios fueron a dar a las celdas de la policía. Muchos de ellos sin ver ni un tan solo minuto del encuentro.
También fueron los aficionados que aman el deporte y apoyaron sus colores con la pasión de siempre.
Las gradas vibraron, quizás no con la intensidad de otras ocasiones.
En la cancha, la rivalidad de los jugadores solo se mostró en lo deportivo, los abrazos y las bromas fueron una muestra que los equipos no son enemigos, más bien son entrañables amigos.
Una fiesta que se vivió en relativa tranquilidad en las gradas y en el terreno de juego.
Solo los energúmenos de siempre volvieron a hacer de las suyas, pero la policía supo responder.