Honduras
La paciencia llegó a su límite y no queremos que esto afecte al fútbol nuestro de cada día.
Después de la excelente serie investigativa que Zona Deportiva publicó la semana anterior, sobre la ausencia de aficionados en los estadios del país, queda claro que uno de las principales aristas para ver las gradas vacías es la inseguridad que provoca la presencia de las barras violentas, fenómeno que inició en Honduras allá por 1995, copiando el proceder de las barras sudamericanas, hasta degradarse y convertirse en el cáncer de la actualidad.
En los cuatro puntos cardinales del país los violentos están ganando la batalla y destrozando las ilusiones de un fútbol que, de por sí como espectáculo, arrastra un déficit horrendo.
Orlin Perdomo, un fanático que se identificaba con la Ultra Fiel, fue el último caso de muerte en las canchas después de un clásico entre Olimpia y Real España; “era la primera vez que iba al estadio, es una pena que existan estas barras”, alcanzó a decir un adolorido familiar tras el velorio en San Pedro Sula.
Pero la cifra es algo más que alarmante: el año pasado hubo 13 fallecidos, sin contar los aficionados que mueren en barrios y colonias de las grandes ciudades producto de la riña encarnizada que se han declarado los integrantes de estos grupos organizados, sobre todo la Ultra Fiel, la Mega Barra, la Furia Verde y los Revolucionarios.
Pero si la indiferencia mata, en EL HERALDO nos hartamos de la maldita negligencia de las autoridades, encargadas al menos de empezar a buscar el remedio a todos los males, y hemos decidido poner la primera piedra de la paz que todos soñamos, a través de la campaña “Que la familia vuelva al estadio”, que hoy inicia y que indefectiblemente tiene que incluir a todos los actores de la sociedad: dirigentes deportivos, autoridades preventivas y de seguridad, entrenadores, jugadores, aficionados comunes y periodistas deportivos; levantamos la mano y pedimos la palabra para involucrarnos de lleno en buscar los culpables, asumir las causas y prepararnos para las consecuencias de un negocio que se nos ha ido de las manos a todos, pero que aún no ha muerto.
Y si iniciamos la búsqueda de culpables, en este diario nos autoevaluamos, decidimos asumir nuestro recurso de responsabilidad y lanzar al aire nuestro “mea culpa”.
Así que, a partir de hoy, empezamos a tratar con mano dura toda la información relacionada con las barras bravas y, en el sentido lúdico del tema, dejaremos de usar metáforas belicistas o de fin del mundo para referirnos a los partidos, a los jugadores y a todos los personajes determinantes del show futbolístico, ese que ha perdido miles y miles de seguidores y que, de ahora en más, trataremos que vuelva a ser el de siempre, el de las gradas llenas, el del fútbol ofensivo, el de las familias en los estadios, ese que nos gusta tanto...