Honduras
Desnudado de pies a cabeza, al León apenas le sobró aliento para tolerar la vergüenza; ejecutado a latigazo limpio y honesto, el humilde Vida dio la cara, advirtió y endosó un pesado 1-0 a la peor versión de la camiseta blanca en el Clausura.
El Albo no apareció... ni siquiera en la foto
Con la boca llena de grandeza, exultante de triunfo antes de iniciar el juego, el Rey de Copas cayó sin poner las manos y un penal fue suficiente para traducir el infeliz y tormentoso paso del Olimpia por el Municipal Ceibeño.
Al minuto 61, Bonieck García tocó la pelota como un perfecto bloqueo de baloncesto y Facundo Argüello no tuvo ningún temor para poner música en el marcador desde los 11 metros...
A decir verdad, ni Vida ni Olimpia hacían un buen partido, pero cuando el Rojo despertó y se enteró que jugaba con el aliento de su pueblo en las gradas, la suerte empezó a medirse la elástica roja y el Cocotero a jugar con el alma en la garganta para no dejar pasar esta oportunidad histórica de luchar por gritar su tercer título.
Un mal Olimpia y un gran Vida
Todo se empezó a combinar a la perfección: Willie Techera y su horrible temor (ni en los saques manuales tenía fortuna); Johny Palacios y su mochila repleta de nervios; Bonieck García y su nefasta intrascendencia; Rubén Matamoros y Rigo Padilla y sus nulas proyecciones ofensivas; Johny Calderón y su inofensivo juego.
Los hombres de blanco eran víctimas de este Vida que terminó de armar Nahún Espinoza, el extremadamente equipo táctico y cumplidor que juega con el honor de una camiseta y que explota el oro que tiene en las minas: Jerry Bengtson, Serbio Antúnez, Rubén Rubilio Castillo y Bryan Beckeles, cipotes todos, no se arrugaron y le hicieron la vida de cuadritos a la contraparte de los Espinoza, Juan Carlos, que se negó a creer en Roger Rojas e insistió en el ineficaz delantero César Medina.
Sin nada en la cabeza, mucho menos en las piernas, Olimpia se extinguía con disimulo y rapidez, mientras la cipotada comandada por Carlitos Salinas y los asentados extranjeros Argüello y Ferreira, se divertía y hasta se atrevía a lo extremo... Olimpia era bailado en su propia cara y abofeteado por el Rojo. Fue el extremo.
Y aunque en la última parte de la trama Olimpia se reinventó y sacó algo de la honra perdida, con el cabezazo de Hendry Thomas que se estrelló en el horizontal o el cabezazo de Walter Hernández que increíblemente se fue encima del arco de Júnior Morales, el Venado tenía la situación controlada y fue cuando aparecieron sus hombres de experiencia para ponerle hielo al juego y hacer que el sueño dure 90 minutos más.
Sí, Nahún, ¿por qué no pueden derrumbar el mito...?