Honduras
Para hablar del Pájaro Wilmer Cruz hay una historia que contar: estaba parado en el estadio Mateo Flores, en el arco norte, para ser preciso.
Esperando a ser fusilado. Intuye que la pelota va a la derecha, se lanza en la misma dirección, le redonda va a otro lado, el arquero catracho regresa en el aire y logra salvar su pórtico con el pie.
Luego se viene el contragolpe de Honduras y gol de Eduardo Bennett. Al final. Guatemala 0 Honduras 1.
Y así comenzamos a platicar con el nuevo entrenador de arqueros de las selecciones menores. Wilmer Cruz, quien junto a Zona rememoró muchas proezas.
¿Tiempo sin verlo?
Muy contento por haber comenzado en una nueva tarea, es bastante motivante y bonito que lo vuelvan a tomar en cuenta.
¿Cómo llego a la H, Wilmer?
Yo venía de mi trabajo, tengo dos escuelas privadas en Santa Cruz de Yojoa, y recibí la llamada de Emilio Umanzor. Me pareció bien la propuesta.
¿Ve futuro en los porteros juveniles?
Son muy buenos porteros. Son muchachos jóvenes. El único problema es la competencia. A mí me da tristeza que ellos no jueguen y que venga un extranjero ganando mucho dinero y da lo mismo que jugara un juvenil. No da ninguna garantía en el arco.
¿De ellos quién tiene más futuro?
Los tres arqueros de la Sub 20 son buenos. Los de la Sub 17 igual. Comenzamos a recordar algunos nombres de grandes arqueros que por falta de ritmo se han perdido en el olvido: José Barahona, Kevin Hernández...
¿Y así se perdieron muchos?
Ellos eran de gran nivel. Pero a los dirigentes les gusta traer porteros extranjeros que no dan una garantía, no aseguran juegos.
¿Algún extranjero que haya dejado escuela?
No recuerdo. Vinieron buenos como Carlos Prono y Jorge López Silva. Pero los que dejan escuela en el país son los nacionales como Jimmy Steweart, Julio Arzú o Belarmino Rivera.
¿Tras el retiro qué ha hecho?
Me dedique al negocio deportivo académico. Tengo dos escuelas privadas con 150 niños de entre 4 y 18 años, donde no solo aprenden fútbol, sino que además inglés y alemán.
¿Nunca le reconocieron su trayectoria?
Wilmer hace memoria de nostalgia. Suelta un suspiro y luego responde: “La verdad no. Nadie se acercó para eso. Sí tuve ofertas para dirigir, pero no llenaron las expectativas, solo esta de trabajar con la Selección”.
¿En el entreno se identifica con los chicos?
Claro. Cuando yo inicié, mis maestros Steweart y Arzú me obligaron a que yo volara, que gritara, que pidiera la pelota.
La nostalgia vuelve a aparecer con la siguiente pregunta.
¿Lo mismo hizo usted con Milton el Chocolate Flores?
Un recuerdo perpetuo cala hondo. Wilmer toma un poco de aire y suspira por el golero de la Lima que murió el 19 de enero de 2003.
“Exactamente. Con él trabajé mucho. Nunca fui egoísta y traté de enseñarle lo que a mí me dio resultado, lo que me tiene como uno de los porteros regulares del país”.
¿Algún recuerdo del Choco que nos quiera compartir?
Una vez nos asustaron en Brasil. Hasta quebramos una lámpara y salimos desnudos a la calle y aún no sé quién fue quien lo hizo”.
¿Cuál fue su mejor atajada?
Le hice buenas a Rambo de León y Nahún Espinoza. Pero la que le hice a Guatemala tapando con el pie el penal está grabada para siempre. Es que hay porteros que intuyen y otros que adivinan.
¿Usted en qué grupo está?
De los que intuyen. Yo aprendí que no hay que adivinar, hay que intuir. A mí me criticaron porque hubo algunas pelotas por las que no me lancé. Es que nunca le iba adornar goles a nadie. Pero soy frío.
¿Dónde tuvo problemas?
En el extranjero. Bebeto me metió un gol en mi poste. Yo lo estuve viendo todo el tiempo sobre la barrera y me la tiró a mí.
¿Mucho nervio en esa derrota 8-2 ante Brasil?
No. En el juego no. Antes de comenzar el partido sí, pero nada más. Siempre fui bien frío y, si me equivocaba, me da igual.
¿Qué siente ahora?
Gracias a Dios me salió está oportunidad de dirigir en la Selección, porque, te soy honesto, yo no estaba interesado en ser técnico. Pero ahora me está gustando.
¿Usted quisiera dirigir al Real España?
De repente. Mi vida es el España. Mi esposa, mis hijos y mi casa son gracias al Real España, que me dio mucho, pero yo también les di todo a ellos. Así que estamos de amor pagado.
¿Le hubiese gustado estar en vez de Macías en la final?
Claro. A todos nos hubiese gustado estar allí. Pero los tiempos pasan y le tocó a Macías.