Honduras
Tras casi 20 años de pitazos ininterrumpidos en el fútbol mexicano, el turno ha tocado al timbre de la casa de Mauricio Morales Ovalle para penetrar en la esfera eliminatoria de la región; el árbitro mexicano fue designado por la Comisión de Arbitraje de la Concacaf, que preside el salvadoreño Carlos Ortiz Cardoza, para expedir justicia en el juego EE UU-Honduras.
Nada ni nadie le irritan el temperamento...
Los que lo conocen, aseguran que Morales Ovalle es uno de los árbitros más impermeables de México y que es un profesional que difícilmente se deja influenciar por la presión externa.
“Jugar con más de 35 mil aficionados hondureños en el Campo del Soldado no le afectará en nada”, comentó Roberto Girón, el árbitro asistente hondureño que tiene enormes posibilidades de llegar a Sudáfrica 2010 y que ha compartido cuarteta con el norteamericano.
Estando Girón en la banda, Morales Ovalle ha sido emergente en los encuentros Toluca-América, por la final de la Concacaf de 2006, y Atlante-Joe Public, por la edición anterior de la Liga de Campeones.
Quienes mejor lo conocen entre los jugadores hondureños son Ramón el Principito Núñez y Carlos Pavón; Morales Ovalle dirigió a Ramón en la semifinal Pumas-Puebla y la Federación Mexicana lo nombró juez principal de la final de la Primera A entre Gallos Blancos de Querétaro y Mérida de Yucatán.
Mucho ojo con los amigos de los clavados
Quizá una de las máximas recomendaciones que los especialistas del arbitraje puedan hacer a los jugadores hondureños, es que con Morales Ovalle no se juega.
Esto va para aquellos que “gustan” de simular faltas, como Carlos Pavón y Wilson Palacios.
“Es un árbitro muy sereno y que no cae fácilmente en ese tipo de trampas, es un juez del tipo de Gaspar Molina, que le gusta estar cerquita de la jugada, así que es muy difícil que alguien lo impresione”, dijo un miembro de la Comisión de Arbitraje de Honduras. Radiografía completa. Esperamos que cumpla...
Carlos Batres y compañía se concentran en una reunión secreta en Johannesburgo, Sudáfrica
Johannesburgo es el centro financiero de Sudáfrica y la capital donde pululan poco más de tres millones de habitantes que, esta semana, se confunden con los 52 árbitros elegibles por la Federación Internacional de Fútbol Asociado, FIFA, para dirigir en el Mundial de 2010.
Tocapitos de las cinco confederaciones (Conmebol, UEFA, Concacaf, CAF, OFC y AFC) han sido “congelados” en calidad de depósito en un centro de alto rendimiento de Johannesburgo para participar de un seminario, una reunión a la que la prensa internacional no tiene acceso y que, peor todavía, muy poca tiene conocimiento.
Nombres de la catadura del salvadoreño Joel Aguilar Chicas, los mexicanos Benito Armando Archundia y Marco Antonio Rodríguez, el guatemalteco Carlos Batres y el estadounidense Jair Marrufo (todos de la Concacaf) estarán concentrados por espacio de ocho días en áfrica, en una de las últimas sesiones previo a la elección final que se hará en febrero de 2010, cuando quedarán solamente los 40 que la FIFA determine para administrar la justicia en el mayor torneo mundialista.
Otros famosos como Carlos Amarilla (Paraguay), Héctor Baldassi (Argentina), Jorge Larrionda (Uruguay), óscar Ruiz (Colombia) Carlos Simón (Brasil), Massimo Busacca (Suiza), Frank de Bleeckere (Bélgica) y Roberto Rosetti (Italia) pernoctan en el continente africano, donde reciben las instrucciones de ángel María Villar, presidente de la Comisión de Arbitraje de la FIFA. “Todos los jueces serán sometidos a rigurosas pruebas físicas y psicológicas antes de ser electos”, dijo la FIFA.