Honduras
Cuando el Azul moría de su herida mortal, el chico Aguiluz se bañó en orgullo y anotó.
Salió casi de la nada y se desproveyó de su propio peso para ser el fantasma que Astor Henríquez tendrá que soñar por mucho tiempo. Un solo toque de pelota (aunque había falta sobre el mismo novel delantero y sería penal) bastó para que el chico capitalino le diera el sorpresivo 4-3 al Ciclón sobre al Verde.
"Este gol es importante para el equipo porque cayó cuando nadie lo creía, sirve bastante porque sacamos los tres puntos que nos hacen seguir subiendo en la tabla", dijo Alejandro Aguiluz y quedó en la historia.