Honduras
El León supo salir a tiempo del campo minado y, con dos tremendas definiciones de sus delanteros Roger Rojas y Everaldo, raptó el invicto del Real Juventud para pedir la recompensa más deseada: los tres puntos.
A una cancha tan fea, le sobrevino una buena producción de fútbol de dos equipos que tuvieron, cada uno, sus minutos de prisa.
Primero fue Olimpia, que veía pasar y pasar a los inteligentes mediapuntas locales. Randy Diamond y Hendry Crisanto se sentían tan cómodos en este terreno, que parecían prefabricados para jugar en tierra hostil; al minuto 10, el Diamante la dilapida solo frente a Donis Escober y al 18 fue Elmer el Tanque Zelaya el que mandaba un globito que por poco asusta al Pimpollo.
Al 21, Hendry Crisanto se repone y cruza a Donis Escober, el uno que se recuesta y contiene con aplomo, y al 27, un misil de fabricación patepluma (marca registrada de Francis Reyes) hace comer tierra al guardián albo.
Rojitas siempre está...
Olimpia seguía agazapado, oculto, escondido... hasta que sacó la garra al 28.
Terrorífico contragolpe que inicia Reynaldo Tilguath, el Chino que sabe combinar con Ramón Núñez y el Muñi Ruiz, para que la pelota le llegara como agua para chocolate a la pierna izquierda de Roger Rojas, el voraz delantero del Olimpia que ahora definió con su pierna menos hábil, a ras de pasto, demostrando que su repertorio no tiene fin.
Tu golazo no bastó...
El Patepluma, herido y ofendido ante su pueblo, se amarró los pantalones hasta que llegó la bendición de uno de sus hijos preferidos: al minuto 51, Francis Reyes probó en el juzgado que su magia sigue intacta y decretó cadena perpetua a Donis Escober con un tiro libre magistral. Qué golazo el del Profesor.
Derecha educada, trazo con pincel. Obra maestra... El 1-1 y el Argelio Sabillón (mitad Olimpia, mitad Real Juventud) aplaudía hasta enrojecer las palmas.
Pero, como si supiera que llevaba el gol en su pie derecho, Carlos Restrepo mandaba a la cancha al brasileño Everaldo, alejado por varias jornadas de la titularidad, para que al minuto 68 apareciera la precisión matemática de Dani Turcios, un cobro de tiro de esquina como con la mano y un cajonazo de Everaldo que vacunaba al desprevenido meta Sandro Cárcamo.
El Rey de Copas, con esa experiencia ganada en las canchas, supo meter el partido en el congelador y diluyó cualquier reacción del local, que siguió rezando a "san" Francis Reyes que, al final, no pudo hacer el milagrito...