México
Destacado ayer en la Bombonera solo el triunfo del Diablo Mayor ante Olimpia. Y el ansioso Bonieck García. Y los errores de JC García. ¡Ah!, y el doloroso autogol de Franz Arévalo para cerrar la pesadilla del que alguna vez fue grande en el extranjero: el León.
Pero es que ayer el Olimpia arrancó perdiendo desde el camerino. Y no es una frase que adorne este escrito, sino una realidad que, al parecer, ningún club hondureño podrá superar en mucho tiempo; la altura, cancha, afición y la falta de oxígeno al correr no son tan mortales como el miedo de jugar en tierras mexicanas.
Frío, alto y doloroso 4-0 en favor del Toluca, sencillo, sin tantos adornos, pero letal.
Pálido, tembloroso, raro...
El Albo no se encontró nunca, no pudo abrir un conducto en su interior que hiciera alimentar pelotas al Chino Reynaldo Tilguath y tampoco tuvo suerte como contención absoluto Walter Hernández; de allí que los pecados fueran heredados a los laterales, sobre todo al de la izquierda, donde Juan Carlos García no estuvo fino ni para defender ni para ir a la ofensiva.
Y si de los centrales hablamos, a Franz Arévalo se le fue mucho la pierna y, en lugar de tirar la pelota afuera, como era su intención, terminó por hacerle un sombrerazo a su propio meta Donis Escober, quien ya antes había encajado tres (dos del argentino Ezequiel Cuevas, a los 3 y 9 minutos, y otro del chileno Héctor Mancilla, al 62, que no hacía gol desde el torneo anterior). Entró con nervios de novato y terminó pidiendo la hora...
Un par de avisos de Ramiro Bruschi (de lo poquito que se podría rescatar de Olimpia) y alguna pirueta inútil de Bonieck, terminaron por desencantar al hincha del León que, tras el 1-1 en Puerto Rico, creía en el milagro.
Pero no hubo ni avisos de coraje. Olimpia no demostró lo que apostó la chequera de Rafael Ferrari y, sin porte internacional, se perdió en las llamas del Infierno del estadio Nemesio Díez. La casta ya ratos desapareció...