Honduras
Era imposible ganar jugando tan feo como ayer; un empate sabía a goleada y la cortesía del Rambo fue desperdiciada por un feo respeto que casi llegó a la veneración para un Tri que impuso su ritmo desde el inicio; no hubo tal "vos a vos" y la H se llevó lo que cosechó un planteamiento muy encogido, tremendamente temeroso. No fue nuestra noche y el 1-2 resultó hasta benévolo.
Cortesía del Loco
Distraído, ignorado, lunático, el Rambo decidió "ingresar" al campo hasta el minuto 35. Bastó y sobró para que sacara una locura de su repertorio y cobrara el impuesto de guerra al guardameta Oswaldo Sánchez, de inútil estirada.
Todo empezó al minuto 34, cuando David Suazo le vendió una falta al central salvadoreño, Joel Aguilar Chicas, tras contacto de Leandro Augusto; esperaban turno la Muma, el Lobo y él, irreverente, mediático, irrespetuoso... Julio César de León, quien le encontró la costura perfecta al cuero y metió un cajonazo jerárquico y poético que, beso mediante al horizontal, se fue a guardar donde todos queríamos.
El Rambo siguió saliéndose de lo ordinario y aprovechó la estación para llenar de combustible el tanque de la Bicolor, que la pasaba muy pero muy mal.
Solo así se podía
Sí, señores. El golazo del Rambo fue un perfecto calmante para los nervios hondureños, que habitaban como zancudos en cada metro del estadio Azteca. Desde Noel hasta David, la H era un coctel de distracciones que nos hacían caminar en una delgada línea azul y blanco.
El milagro era válido solamente por la mala noche (mala suerte) de Carlos Vela y Fernando Arce, nada más por eso.
Todo se derrumbó...
Tres minutos fueron suficientes para ver desparramado el juego de cartas catracho. Los goles que no hacés, te los hacen. Sencillo, sin adornos. Si la Muma Bernárdez soltó un bombazo que Sánchez contuvo pidiendo clemencia y la Mosca álvarez no tuvo la tranquilidad para definir de zurda cuando enfrentó al atajador de Santos de Torreón, el Tri inició la remolcada y Sven-Goran Eriksson se la jugó completa: Guillermo Franco, el del Villarreal, Omar Bravo, el de La Coruña, y Cuauhtémoc Blanco, del Chicago Fire, comandaron el nuevo ataque mexicano y la H, que tenía mayor confianza con la pelota en los pies, empezó a pagar los pecados mortales en tierra ajena.
De mal en peor
Al 73, un mal rechace defensivo de Maynor Figueroa le dejó la pelota fresca, deliciosa, perfecta, a la bien educada pierna derecha de Pavel Pardo, que no tuvo lástima de Noel Valladares... hasta "matarlo" con un bombazo inatajable; dos minutos después, otra ociosidad de la zona baja nacional, el peor departamento de la H la noche del Azteca, permitió que un inocente tiro libre del mismo Pavel Pardo se colara con toda la tranquilidad del mundo en la meta del confundido Valladares.
La delgada línea azul y blanco se reventó. Honduras recibía el premio más justo a una muy pobre actuación, que apenas vio algunos destellos de buen fútbol (poquito, muy poco), hasta que el Guille Franco nos tuvo piedad y no quiso meternos el tercero en la maleta de regreso.