Honduras
Un último cuarto de infarto dejó vivo a este irregular Olimpia, que aparece cuando quiere, que se prende de la agonía y que sigue dejando ir puntos importantes en casa. Fue 1-1 ante la banca de Atlante. Y todavía hay mucha tela que cortar en el grupo C...
Gracias por ese golazo...
No cabe duda que el Profe José Guadalupe Cruz tenía todo extremadamente calculado para la cuarta fecha de la Liga Campeones: no sacó visa para Honduras, otorgó supremos poderes a su AT, José Luis González China, y mandó un puñado de reservistas que fue guiado por el veterano atajador argentino Federico Villar, lo suficiente para asustar a un Olimpia tan inofensivo que en 45 minutos apenas llegó tres veces a la meta de Villar, el Villar este que aprovechó su maestría en tiros libres para mojar en el Estadio Nacional.
Al minuto 37, tras una falta de Fabio de Souza en los linderos del área, el uno argentino pidió la palabra y se plantó frente a la barrera olimpista. Fue un toque agudo, perspicaz, ingenioso, sutil, que salió de su pie derecho y que Donis ni nadie podía detener.
Si Olimpia no quería jugar, pues Villar nos deleitó la retina con un golazo de mundial.
Exactamente tres minutos antes, Walter Hernández tuvo la misma chance de anotar, desde el mismo punto que Villar sí aprovechó, y mandó un fogonazo con dirección a alguna admiradora en Populares.
No era cuestión de tener seleccionados o no.
El juego del Olimpia de ayer en el primer tiempo se pareció muchísimo al de todo el partido contra Montreal Impact (donde sí estuvieron los llamados a la H), así que esta vez la táctica le estaba fallando a Juan de Dios: ni Rodolfo López ni Erick Andino Portillo quisieron atribuirse el protagonismo de conducir los hilos del mediocampo; Ramiro Bruschi y el Matador eran dos perfectos enemigos del área contraria y en defensa no había tantas complicaciones solamente porque el Potro jugaba frío y calculador, pasando poco del medio hacia arriba (favor que le hacía al Albo).
Se te vino la noche...
Para ponerle una curita a la herida, el Cuate mandó a la cancha al ex Vida Johny Calderón, de raquítica participación con el León, apenas iniciado el complemento (luego, pasó a ser carrilero tras la salida del Zancudo ávila y el ingreso del Beto Navas); por entonces, el denominador común que bajaba de la grada era un muy bien afinado concierto de silbidos, respuesta popular que acribillaba el presente de este pobre Olimpia.
El Beto y Calderón se prendieron por ese carril izquierdo, hasta que una corajuda entrada de la Rata Bruschi propició un rebote que Walter Hernández mandó a guardar al 83.
A pura fuerza, sin estética, con mucho amor propio, Olimpia hacía lo impensado y mantenía viva la llama de la clasificación. Eso sí, sigue cuesta arriba, cuesta arriba porque quiere...