Honduras
El campeón se ajustó a las dimensiones de su cuadro y, con un equipo alternativo, compró la mitad del tiquete que lo instalaría en semifinales el próximo sábado: limpio 1-0 ante Real Juventud, una de las peores versiones de los equipos de Edwin Pavón.
Con el típico 4-4-2, Juan de Dios Castillo intentó abrir la cancha con Calderón, Bruschi, Wilmer y Navas y al 22 el León encontró el tesoro escondido en la meta del Frijol Rosales cuando se dieron la mano los mejores socios ofensivos del club: pantalla de la Rata Bruschi, toquecito del Matador y devolución del sudamericano para que el eterno atacante olimpista se diera la vuelta y dejara afligido al pobre de José Luis Rosales (el ex Vida que, a la larga, se convertiría en el mejor hombre del Patepluma).
David contra Goliat...
Y si una cosa es defenderse bien (como siempre lo han hecho los clubes de el Filósofo), otra cosa es tratar de sobrevivir con una pequeña tablita en altamar: una verdadera avalancha olimpista significó arrinconar al humilde equipo de Santa Bárbara, que apeló al cipote Carlos Castellanos, de apenas 17 años, para salvar el promedio de la tabla de los sub 20 y a lo que pudiera inventar Carlos Páez (un hijo de la Nación Olimpista que fue ovacionado por la Ultra Fiel) en medio de una jungla de piernas blancas.
Así las cosas, el partido fue un verdadero monólogo de acciones olimpistas que engrandecían los guantes del portero Rosales, que se cansó de tapar bombazos de la artillería capitalina: Walter Hernández, el Beto Navas y Johny Calderón hicieron cobrar horas extra al regular cancerbero del que equipo vestía de rojo.
Deshilachada la hebra, Olimpia solo se tuvo que divertir en la cancha y hasta Calderón se dio el lujo de gastarse el “blooper” del día con un derechazo que salió al saque de banda con todo el estadio esperando la lógica, el gol; el Indio López tuvo la consagración de su paupérrimo paso por el club, pero también hizo la increíble.
Fin de la historia... Ahora Olimpia depende de sí.