Honduras
Puede que sea una aberración, pero a veces los descensos tienen más emoción que las finales.
Y es que lo que se juega el Real Juventud y el Vida es más que un partido, se juegan la inversión de la existencia.
Ayer en el estadio Felipe Barahona (o Argelio Sabillón), el Patepluma no pudo vencer al Vida, lo que dejó un empate agónico a cero -muy aburrido por cierto.
El equipo de Edwin Roberto Pavón ya da muestras de eso, de ser un equipo colectivo, donde las piezas de una maquinita ya se adaptan para tener en pocas semanas la precisión de un reloj suizo. Muy fino, pero aún no está listo.
Le falta gol, aunque atrás es más fuerte que un tanque de guerra alemán.
Por su parte, el Vida se plantó en la cancha con una fuerte dosis de querer salvar la tradición de uno de los equipos más queridos y tradicionales de Honduras.
Las acciones del juego dejaron un duelo en el medio campo, donde Jorge Fúnez y Ronald Maradiaga movían los hilos pateplumas junto a Francisco Arévalo.
Por el lado de los atlánticos, Jerry Benson causó tanto sacrificio que se desmayó en medio de la tarde caliente de occidente.
Tras luchar en la media el invitado nunca llegó y el central dijo: “no va más”, se terminó el tiempo.
Edwin Pavón salió un poco fanfarrón del partido y dijo que “siempre fuimos más que el Vida”.
Mientras que su colega Manuel Calderón, salió insultando hasta el mismo demonio, ese que tratará de llevar al cruel y perdido infierno del descenso.